Thursday, June 1, 2006

Mamá, quiero ser curator

El artista ha dejado de ser la estrella. En su lugar, es el comisario el que recibe toda la atención. Por alguna razón, una figura que siempre estuvo ahí, en la parte de atrás, cobra todo el protagonismo de la práctica artística. Tanto es así que los niños y las niñas ya no quieren ser artistas, sino curators. Calle 20 investiga el fenómeno y busca los nuevos talentos de una profesión cada día más al alza.

Fenómenos extraños están sucediendo en el mundo del arte en los últimos tiempos. Y es que el artista ha dejado de ser el protagonista único de la práctica artística para cohabitar en los medios de comunicación con el comisario. Tanto es así, que son muchos los que ya no se plantean hacer arte, sino ‘curarlo’

Incluso han surgido programas como Inéditos, una convocatoria de Caja Madrid dirigida a ayudar a los comisarios noveles a crear sus proyectos expositivos, cuyos resultados de su quinta edición se presentan este mes en La Casa Encendida. Porque no sólo los comisarios cobran mayor importancia, sino que existe una nueva generación dispuesta a innovar las exposiciones en temas y formatos.
Pero, ¿a qué se dedica un curator? Hemos hablado con algunos expertos para intentar averiguar qué es lo que hace un comisario y porqué ha cobrado esta insólita fama. Director de cine, escritor o dj, las comparaciones son múltiples pero todas vienen a referirse a la función del comisario como alguien que “explica su historia a través obras de arte y la forma cómo éstas se relacionan entre ellas”, en palabras de Manuel Borja-Villel, director del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Aunque es importante también el trabajo “al lado del artista”, así, para Frederic Montornés, comisario independiente, “es un trabajo de colaboración con el artista, un diálogo a lo largo del proceso de creación”.

Así que el comisario es una persona que crea un discurso que se expresa a través del arte y que, por otra parte, hace bastante tiempo que existe. Entonces, ¿a qué viene el interés reciente? El director del Musac, Rafael Doctor nos señala como culpables “son los medios los que reclaman la presencia del comisario” aunque él no es partidario de que tenga “demasiado protagonismo”. Montornés habla de un “malentendido” ya que se ha creído que el comisario por ser “la figura encargada de explicar la exposición y estar de cara a los medios era el máximo responsable, cuando es un agente más”. Manuel Borja va más allá y contextualiza el fenómeno globalmente “es parte de la tendencia a la espectacularización en el mundo del arte, como reflejo de lo que sucede en la sociedad en general, hay comisarios estrella, como hay centros estrella e incluso, exposiciones estrella” aunque no es optimista en el análisis, “también es un ejemplo con la transformación del trabajo en el capitalismo”.
¿Nueva profesión o nueva precariedad? Un poco de todo. Frederic Montornés advierte que, pese a lo mediático de la profesión, “ésta es una carrera de fondo”. A ninguno de nuestros jóvenes comisarios esa advertencia le viene de nuevas. Ellos se dejan la piel por amor al arte. Literalmente.

Mery Cuesta

Crítica de arte antes de curator y pluma habitual de las páginas de las revistas especializadas de este país, esta joven bilbaína residente en Barcelona, saltó de la teoría a la práctica por la necesidad “me propusieron participar como comisaria en IGAC, un portal de Internet donde se muestra el trabajo de diferentes artistas”. Lejos de considerar esta labor como alternativa a la crítica, Mery cree que son complementarias “un comisario es ante todo un investigador, que materializa su investigación en una exposición o un programa de vídeo o cualquier otra propuesta artística en vez de hacerlo en un texto”. En su caso, su investigación se centra en “la música y la cultura popular que se deriva de ella, la contracultura y el arte que se genera o se muestra fuera de los espacios institucionales”. O lo que es lo mismo, reivindicar los bares o los conciertos como lugares de cultura, no en vano, algunas de sus exposiciones terminan en un concierto (ella misma toca la batería en un grupo de psychobilly llamado Crapulesque, dato que nunca olvida en su currículo artístico) o en una ruta por garitos de la ciudad, como sucedió en Castizos y castas: un proyecto expositivo de órdago, presentado en el centro barcelonés Can Felipa. En ese mismo centro se pudo ver Videoclisión, un programa de vídeo sobre la relación entre los videoclips y las series de televisión, que itinerará al Centro Galego de Arte Contemporánea a finales de este año. Mientras tanto, prepara su salto “al circuito profesional”, concretamente al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, con la exposición Quinquis y macarras, una muestra sobre la estética de la delincuencia en la España de los 80, El pico y Perros callejeros incluidas. Y es que, para ella, el gran valor de los comisarios jóvenes es, precisamente, “abrirse a nuevos temas y formatos que antes no tenían cabida en los museos”.

Eduardo García Nieto

La pasión por el arte contemporáneo es lo que guía la actividad de este joven comisario, aunque todo un corredor de fondo en materia de gestión cultural. Para Eduardo un comisario es “una persona que ofrece una nueva visión de una experiencia artística, una especie de director de cine que construye un discurso a través de la labor de los actores, que son los artistas”. Curtido en mil batallas de eso que se llama la gestión cultural (ha trabajado en PhotoEspaña, en AVAM, Artistas Visuales Asociados de Madrid y hasta en proyectos culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores), los proyectos de este comisario versan sobre temas como “la política y el poder” en el marco de las relaciones cotidianas, le gusta “ofrecer al espectador la posibilidad de enfrentarse de una forma nueva a su realidad más cercana”, ya que de lo que se trata sobre todo, es de que “todo el mundo pueda participar”. Respetuoso como nadie con el trabajo del artista, les cede a ellos todo el protagonismo ya que “son los auténticos protagonistas y merecen más consideración de la que tienen”. Eduardo ha participado en proyectos como Casas y calles, “donde 11 casas particulares acogían exposiciones y se abrían al público”, donde comisarió la muestra Bajo el fregadero tampoco está la playa, “sobre las relaciones de poder dentro de la familia”. Forma parte además, del colectivo C.A.S.I.T.A. que, precisamente, “huye de la personalización de la figura del comisario, es un colectivo donde los miembros pueden cambiar en cada proyecto”. Con ellos prepara Ganarse la vida, en colaboración de Intermediae y el Ayuntamiento de Madrid, “un proyecto sobre los modos de relación laboral existente, sobre la precariedad y los modos de autoexplotación” que, por cierto, también están presentes en el mundo del arte. Se trata de un proyecto de largo recorrido que pretende lanzar una reflexión en torno al trabajo y cuyo mayor objetivo es “generar debate”.

La Pinta

El colectivo La Pinta lo componen Pilar Cruz y Maribel Perpiñá. Se conocieron mientras estaban trabajando en Portugal. Su “flechazo” artístico fue tal que hicieron las maletas y se largaron a Barcelona a fundar La Pinta. Para ellas, “el comisario debe crear discursos polifónicos, es un actor más de la práctica artística, como los centros o el público”, quizá por esta razón les sorprenda la popularidad de esta figura. No tienen una línea de trabajo constante sino que su vocación es “trabajar en lugares fronterizos, buscar huecos donde encajar proyectos”. Así, La Pinta organizó el Off Loop de 2004 (el programa paralelo de actividades al festival de video arte Loop), y, con esta en el que mostraron las piezas de video en contextos insólitos como escaparates o bares. Y es que el entorno es importante para este dúo de comisarias. Así, en Lo hacemos por ti. Disculpa las molestias, aprovecharon el lema de las obras (las de la calle, no de arte) para llamar la atención sobre el proceso de transformación que se producía en el barrio barcelonés de Sant Andreu y, en lugar de usar una sala de exposiciones, habilitaron una zona abandonada de una escuela de arte. Para La Pinta, tanto ellas como los jóvenes comisarios “nos atrevemos a hablar sobre los entresijos y las miserias del mundo del arte”. Quizá esta vertiente “metareferencial” les llevó a crear el proyecto Se busca donde querían poner de manifiesto precisamente la labor del comisario. Así, los artistas del centro de producción Hangar debían buscarse un curator con quien trabajar, en un experimento donde lo importante era el diálogo comisario-artista. “Sirvió para que nos diéramos cuenta de las diferentes posibilidades de esta labor, desde comisarios que apenas intervenían en la obra del artista, hasta los que dirigían la actividad del artista, e incluso hubo un caso en el que la obra fue precisamente la narración de esta relación”. La experiencia fue tan positiva que ahora quieren repetirla aunque en el entorno universitario, “será una especie de ensayo de su futuro laboral”.
www.la-pinta.net

Marta Corsini

Las circunstancias adversas que debe sufrir todo “artista emergente” hicieron que Marta Corsini, formada en Bellas Artes y con ambición de convertirse en pintora, “se pasara al otro lado” y empezara a interesarse por la gestión cultural. Así que, a la vez que idea sus propios proyectos expositivos, trabaja como freelance en el diseño de exposiciones para salas como el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, una faceta que no sólo le permite llegar a fin de mes sino que se complementa con su labor de comisariado. Para ella, la función del comisario es “difundir y promocionar el arte desde el compromiso y la independencia” y el aspecto que más le interesa de este trabajo es “la colaboración entre artista y comisario” especialmente, porque no se considera una teórica, sino que lo que le gusta es “generar una idea y estar cerca mientras toma forma”. A Marta Corsini le interesan especialmente los proyectos efímeros y creados para un contexto concreto. Así, uno de sus proyectos recientes, realizado junto a Manuela Moscoso, ha sido “Mañana es demasiado tarde”, “nos cedieron dos naves industriales a punto de ser derrumbadas e invitamos a diez artistas a realizar una obra in situ”, la acción duró tan sólo un día y una noche. En este momento, está preparando una serie de proyectos, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, de corta duración en los que se buscaran diferentes localizaciones (un lugar en la calle, un teatro, un hotel) donde Carlos Rodríguez-Méndez, Juan López, David Bestúe y Marc Vives, Antonio de la Rosa e YProductions, crearán obras específicas que podrán verse durante un día o dos. Estas exposiciones puntuales podrán verse en Madrid a partir del mes de septiembre.
www.elinvernaderocultural.com

Javier Marroquí y David Arlandis

Esta pareja artística proviene de Valencia y preparan uno de los tres proyectos premiados con la beca Inéditos de Caja Madrid. Aunque a ellos lo de curator les parece un “palabro” y se definen como “agentes culturales” cuya función es “además de mediar entre arte y público, crear diálogo y tratar de activar la escena cultural”. De hecho, fue sobretodo la necesidad de comunicar, “de hablar a través del arte”, lo que les llevó a empezar a comisariar. “Estábamos fascinados con el reto que la multiculturalidad supone en nuestra ciudad y queríamos participar del discurso que estaba surgiendo” y encontraron en el arte la mejor forma de vehicular sus intereses, “creemos que las exposiciones son unos excelentes medios de comunicación”.
Y es que lo que más interesa a estos comisarios es la relación del “arte y la cultura con la sociedad”, o lo que es lo mismo, “el arte de compromiso socio-político”, así que la comunicación juega un papel clave. En este sentido, destaca la exposición comisariada para el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (Badajoz) Sobre una realidad ineludible. Arte y compromiso en Argentina, donde relacionaban la creación actual argentina y la inevitable relación con su historia reciente. También han creado programas de vídeo arte, como Emergente, una muestra para los centros culturales de Ibercaja, encuentros de arte público y, por supuesto, tienen un largo currículo en la crítica de arte. Como el espíritu crítico y el compromiso no están reñidos con el sentido del humor, en este momento están a puntito de inaugurar la exposición Empieza el juego, sobre el juego y lo lúdico en el arte actual. “Cada vez se utiliza más la ironía para la crítica social, hemos descubierto que el humor es una herramienta poderosa, universal a la hora de conectar con el público”.

escrito por Cristina Díaz a las 8:27 pm  

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