Sunday, April 1, 2007

Labores freestyle

La afición por las labores tradicionales (como el ganchillo, el punto o la costura) se han extendido como el nuevo hobby entre los más jóvenes. ¿Las razones? El deseo de hacer ‘manualidades’ y descansar del teclado y el ratón, crear objetos únicos no producidos en masa o como un medio más de expresión.

Si pensabas que las agujas más modernas eran las de tus platos, andas muy equivocado: lo más ahora es coser, bordar o tejer. Y, por primera vez en la historia, los chicos también son bienvenidos. Seguro que últimamente has oído o leído frases como “Vuelve la calceta” o “Bordar, mola” o “el ganchillo es cool”. Y es también muy posible que te hayas quedado perplejo. Pues hay que rendirse a la evidencia. Estamos ante uno de los fenómenos de mayor expansión de los últimos tiempos: las labores.

Calle 20, siempre dispuestos a guiarte por el tortuoso sendero de las tendencias inesperadas, te ofrece la guía definitiva para entender el porqué, el cómo y, sobretodo, el dónde de las nuevas labores.

Punto de cruz, punto com

Eso sí, antes de enhebrar la aguja, conviene encender el ordenador. Y es que gran culpa de todo esto la tiene Internet. En la red se pueden encontrar miles de foros, blogs y comunidades en torno a las manualidades. Los hay de todo tipo, desde grupos los grupos de punto, hasta tutoriales para hacer virguerías con fieltro, pasando por cientos de publicaciones online donde descargarse patrones para coser o bordar. La tecnología también inspira los diseños. Si antes lo más usual era tejer calcetines, las nuevas generaciones crean fundas para iPods y móviles, y donde antaño había cenefas y flores, ahora campan a sus anchas calaveras, logotipos y personajes extraídos de los videojuegos.

Aguja, hilo y ¡cables!

Para entender este imparable fenómeno acudimos a una de sus biblias: la revista norteamericana Craft. Con tan sólo tres números en el mercado, esta cabecera y su frecuentado blog, han venido a representar el espíritu de las nuevas manualidades. Los proyectos que incluyen van desde bodegones de frutas kitsch hechos con fieltro a proyectos de costura donde, como quien no quiere la cosa, se incorporan luces LED que pueden activarse sin cables desde una Palm. Hablamos con Carla Sinclair, su redactora jefe. Para la periodista, este nuevo movimiento tiene relación “con la necesidad de expresarnos como individuos” así como una forma de “aportar personalidad en un mundo donde reina la producción masiva y las grandes cadenas de distribución”. El papel de la tecnología es tan importante como contradictorio, porque si muchos se lanzan a las agujas para descansar del teclado, a la vez, toda la información se encuentra y se comparte en la red. “Es el ingrediente que diferencia los proyectos actuales de los que se han hecho toda la vida. La usamos para ayudarnos durante el proceso (para crear o descargar patrones, por ejemplo) pero también para comunicarnos con otros ‘crafters’. Y, por supuesto, también influye en el tipo de cosas que hacemos”. Anabel García, editora de We love Crafts, la primera revista online dedicada a estos menesteres en España, está completamente de acuerdo con su colega norteamericana. “El entorno ha cambiado. Nuestras casas, nuestra ropa y nuestras ‘herramientas’ son otras. Las labores se adaptan a las nuevas necesidades”. Anabel, que se declara “fan de las manualidades con fieltro”, señala como principales influencias de WLC “las labores tradicionales revisitadas” y, especialmente, “el movimiento zakka japonés” que utiliza técnicas antiguas para crear “personajes y complementos supermodernos” con el encanto naïf de la moda nipona.

Calceta en compañía

Además de la tecnología, las nuevas labores también se diferencian respecto a las tradicionales en que han pasado de hacerse en la intimidad del hogar a convertirse en un acto colectivo. Los crafters no sólo se reúnen de manera virtual, también proliferan los grupos y las quedadas para hacer manualidades. Los más numerosos son los dedicados a la calceta. Uno de los más activos es Barcelona Knitts, que se reúne todos los lunes por la tarde en diferentes bares de la capital catalana para “tejer, hablar, pasarnos trucos e ideas”, nos cuenta Betty. Bajo ese nick, encontramos a una ingeniera en telecomunicaciones adicta al punto e impulsora de estas “quedadas” en 2005. “Al principio éramos pocas. Las chicas no se atrevían a confesar que hacían punto, y mucho menos hacerlo en público, porque se consideraba algo poco feminista”. Con el tiempo, se han ido añadiendo “aficionadas” y ahora ya suelen ser como mínimo una docena. En Barcelona Knitts participan Jennifer y Miquel, que desde Persones Llanes han hecho un gran contribución por la causa crafty. En esta tienda no sólo venden todo tipo de materias más al gusto de la gente joven sino que además ofrecen cursos. “Vienen muchas chicas jóvenes”, me aclara Jennifer, “no saben hacer punto pero les gustaría y sus madres no pueden enseñarles porque en su momento no quisieron aprender, como un acto de rebeldía”. Los profesionales de la moda también acuden a su particular escuela. “Son estudiantes de diseño que quieren conocer las técnicas tradicionales”.

Las ibéricas del punto

Pero el fenómeno de las tertulias de punto no es algo local. Quedadas como ésta tienen lugar habitualmente en A Coruña, Las Palmas, Murcia o Madrid. De hecho, los encuentros “calceteros” de la capital son los primeros que se hicieron en nuestro país. Impulsadas hace cuatro años por “Urraca” Jiménez, la Tertulia Madrileña de Punto se reúne el tercer jueves de cada mes. “Somos unas doce fieles y algunas esporádicas”, nos cuenta Lia Moya, una de las habituales. Lia es traductora y lleva desde los 11 años enganchada a las agujas (en el buen sentido), aunque está encantada de la nueva escena de las labores, piensa que “el panorama en España todavía está muy verde. Mucha gente no valora el esfuerzo y la creatividad de las labores. Piensan que es más sencillo y barato comprar las cosas ya hechas”. Lía está tan implicada que incluso va a lanzar su propia línea de lanas, Lia Knits. La profesionalidad es un paso que se están planteando ya algunos aficionados.
Aunque el más común es la diversificación: cuando se empieza con las manualidades es difícil dedicarse sólo a una. Ese es el caso de Cluckin otra de las participantes en las quedadas madrileñas. Esta publicista empezó a hacer punto hace diez años , pero sus intereses no se reducen a aquello de “uno al derecho y otro al revés”. “Hago muchas cosas con fieltro, como broches o bolsos, también creo complementos a partir de materiales reciclados”.

¿Y los chicos?

En Estados Unidos ya hay páginas y foros especializados en punto para hombres y, según Carla Sinclair, aparecen de forma habitual en ferias y eventos crafty “aunque con proyectos que tradicionalmente son percibidos como masculinos, como la cerámica o el bricolaje”. A este lado del Atlántico, ellos todavía se muestran tímidos. En Barcelona, Aviv es el máximo defensor de que las labores no están reñidas con la hombría. Este israelí es profesor de ganchillo tradicional y “amigurumi”, una técnica japonesa para crear objetos tridimensionales, en Persones Llanes. Se interesó por el punto y el ganchillo como parte de su trabajo en el mundo de la moda y “para aprovechar el tiempo en las reuniones”. Para Aviv, “las manualidades no están tan desarrolladas” en España como en otros países. Cuando la afición se extienda alcanzará a ellas y ellos. De momento, según cuenta Betty, “corre el rumor de que se está planeando una quedada sólo para hombres”. Chicos, ¡quedáis avisados!

escrito por Cristina Díaz a las 8:27 pm  

1 Comentario »

  1. Totalmente de acuerdo con tu artículo. Siempre ma ha gustado el punto de cruz y el ganchillo, pero gracias a internet he conocido y conoceré a muchas mujeres que comparten mi afición. Coser me relaja…

    Comment by Ana MAría — 8 April, 2008 @ 11:33 pm

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