Thursday, March 1, 2007

Profesionales verdes

Ha nacido una nueva generación de diseñadores de producto que, además de crear objetos bonitos y funcionales, se preocupan de que sus creaciones sean respetuosas con el medio ambiente. Ingenio para repensar los objetos, innovación a la hora de aplicar materiales e iniciativa para crear nuevos modelos de negocio (¡y sobrevivir en el mercado!) parecen ser las claves de estos jóvenes emprendedores con conciencia.

A juzgar por el famoso informe sobre el Cambio Climático publicado por la ONU hace apenas un mes, el planeta anda “regulín” de salud. El calentamiento global es un hecho y la forma de mejorar la situación es más compleja que mandar cadenas de correos electrónicos sugiriendo bienintencionados apagones momentáneos.

Pensar que las emisiones de los gases que causan el efecto invernadero son cosa de autoridades y corporaciones ‘etéreas’ y que no tiene relación ninguna con los procesos de fabricación o transporte de los mil cachivaches que nos rodean es toda una ingenuidad. El diseño no es ajeno a esta situación y los profesionales tratan de dar respuesta con toda una nueva generación de “productos verdes”.
Alba Bala nos cuenta qué diferencia un objeto ecodiseñado de un producto cualquiera. Bala, que es profesora de diseño y participa en un proyecto para desarrollar juguetes “eco” de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona), nos cuenta que la disciplina se basa en pensar “toda la vida del objeto: desde buscar un material reciclable, a pensar un proceso de fabricación que consuma menos energía pasando por utilizar el mínimo embalaje posible que permita economizar espacio en el transporte y así sucesivamente hasta el momento que el usuario deje de utilizarlo y pueda ser reciclado.”

Inspirados en la naturaleza

Partiendo de esa concepción global trabaja la plataforma Good for Enviroment, un colectivo multidisciplinar que trabaja a distancia desde Madrid, Barcelona y Oviedo. “Nos gusta definirnos como un cóctel preparado por y para la sostenibilidad industrial”, nos cuenta uno de sus miembros, la canadiense Jenna Watson. Los productos lanzados ofrecen soluciones ingeniosas de ahorro energético. “Econo”, por ejemplo, es un disco de un material plástico reciclable y no tóxico que, colocado sobre la superficie de las macetas, condensa el vapor de agua reduciendo el riego a la mitad. “Hemos procurado minimizar el material y el packaging al máximo”. G4E se han inspirado en un escarabajo de Namibia en la forma y función de este objeto, que se desplega sobre la planta economizando uno de nuestros bienes más escasos, el agua. Un desarrollo similar tiene el Hexa-ton, un contenedor de basura para eventos que se hace a partir de un único troquel de cartón. O lo que es lo mismo, una sola hoja de este material cortada y plegada con ingenio se convierte en un punto de reciclaje fácil de montar, almacenar y, sobre todo, barato. El material para congresos (momentos de máximo derroche material y energético) es uno de sus fuertes. Como alternativa a las espantosas bolsas de documentos que suelen dar en estos eventos, G4E proponen el Lappack, un maletín realizado con pulpa de madera que, además de servir como apoyo para el portátil, puede desecharse en el contenedor azul de reciclaje de papel una vez haya cumplido su función.

Mil y una bolsas

Ese mismo objeto, la bolsa, está siendo repensado por muchos otros estudios. Varios estudios llevan ya tiempo diseñando complementos desde presupuestos ecológicos. Es el caso de los pioneros Demano y Vaho, que llevan más de siete años reciclando las banderolas publicitarias en bolsos, bandoleras e incluso alforjas para bicicleta. Estos productos son también objeto de interés de Petz Scholtus, una de las grandes impulsoras del ecodiseño en nuestro país. Esta diseñadora luxemburguesa ha creado la FairBag (un juego de palabras con “fair”, “feria” pero también “justo”en inglés), una bolsa hecha con toldos y lonas de camiones reciclados. Este proyecto lo ha desarrollado en colaboración con Graham Hill, director Treehugger, el blog de referencia en diseño y sostenibilidad en el mundo, del que es corresponsal en España. Bajo esa marca también ha creado el StuffBump, un sistema de almacenaje para la pared que que nos permite guardar todos esos pequeños trastos o prendas que rondan por la casa . Está fabricado con “una única pieza de fieltro de lana 100% natural y cartón reciclado”, puede almacenarse y transportarse plano y, por si fuera poco, es “made in CIRE” (siglas de Centro de Iniciativas para la Reinserción), es decir, está confeccionado por presos que, de esta forma, “ganan un salario durante su estancia en prisión, además de recibir una formación profesional”.
Petz además predica con el ejemplo. Desde hace meses ha puesto en marcha el R3project, un blog donde cuenta día a día la reforma de su casa. Todo en ese estudio del barrio Gótico barcelonés, desde la pintura de las paredes hasta la instalación eléctrica, se hace siguiendo estrictos criterios ecológicos. La idea era “demostrar que se puede tener una vivienda más ecológica sin que eso signifique gastar más dinero o perder comodidad o estética”. Un gran reto, sin duda, porque la construcción no es precisamente uno de los sectores más comprometidos con el medioambiente (por no decir que es uno de los más activos para su destrucción en este país nuestro de apartamentos y pareados). Para cambiar esa situación nació Zicla, una empresa que desarrolla productos y materiales para la construcción a partir de residuos industriales (muchos de los materiales de R3project provienen de su showroom en el barrio de Poblenou de Barcelona.

Nueva vida para los materiales

Verónica Kuchinow, fundadora junto a Alfredo Balmaceda de esta innovadora empresa, cree “en una arquitectura sostenible” por esta razón colabora con compañías para “desarrollar materiales y productos a partir de residuos industriales”. Y en este joven estudio cualquier desecho puede convertirse en materia prima para objetos bonitos e imaginativos. Desde placas de aislamiento acústico hechas de hechas de restos de restos de periódicos o moqueta, encimeras de vidrio reciclado, baldosas de plástico reciclado que, a simple vista, parecen de pizarra o incluso otras fabricadas ¡a partir de pantallas de televisión! En cuanto a productos, destacan las piezas de mobiliario urbano que a simple vista parecen de madera y son en realidad plástico reciclado, sus decorativas macetas hechas de plástico y envases de Tetrabrik, grandes maceteros para espacios públicos realizados a partir de “moldes” de neumáticos o el Jiardinetto, un sistema apilable de maceteros (fabricado con residuos plásticos) para construir jardines “verticales” en espacios reducidos.
Un precedente de esta idea de traer un trocito de naturaleza a las ciudades lo entramos en el Huerto Urbano de Leopoldo, una estructura tubular de aluminio y unas bandejas de rafia o lona reciclada (desarrollada en colaboración de Vaho) que permite tener un espacio donde cultivar nuestros propios vegetales, plantas aromáticas o la especie vegetal que queramos sin necesidad de tener jardín o terraza. En un sencillo balconcito.

Doblemente ecológico

Otra buena forma de cuidar el medioambiente puede ser también promover el uso seguro de la bicicleta, un medio de transporte que cada día se utiliza más en los desplazamientos urbanos. A eso se dedica Eduard Sentís desde su estudio desde hace unos cuatro años. Desde Modular, se plantea la sostenibilidad como uno de los criterios principales en sus productos “utilizamos siempre materiales nobles y pensamos formas para economizar recursos”. Así, uno de los modelos más innovadores es Omega, un aparcamiento donde se ha redondeado la clásica U invertida. ¿El resultado? una solución ingeniosa que reduce el tamaño de la pieza, economiza materiales, todo ello manteniendo la funcionalidad y, por si fuera poco, es mucho más bonito. Tanto las materias primas como los embalajes son reciclables. El papel y cartón utilizado en cajas e instrucciones son reciclados y, por si fuera poco, Sentís incluye propuestas para que los reutilicemos. Además, sus productos son además “a prueba de vandalismo”, lo que los hace más resistentes y duraderos.

Responsabilidad compartida

Estos son algunos ejemplos de nuevos productos que no sólo nos ayudan en nuestras tareas cotidianas, sino que lo hacen economizando recursos y cuidando nuestro entorno. Pero, ¿la labor de estos profesionales tiene sentido si nosotros seguimos sin cambiar nuestros hábitos? Desde Good For Enviroment asumen la responsabilidad a medias con nosotros, los usuarios. “Debemos cambiar los hábitos de consumo hacia un modo más sostenible y responsable”, dice Jenna. Para Petz, el compromiso pasa por la profesionalidad y la competitividad. “Tenemos que hacer productos comerciales y atractivos, que puedan competir con el resto de oferta. Somos profesionales y debemos conocer las necesidades y gustos de los consumidores. No se debe ejercer desde la ingenuidad de ‘querer salvar el mundo’”. Para Alba Bala, los consumidores debemos “aplicar el sentido común. Para empezar, plantearnos si necesitamos realmente ese producto”. Ese, sin duda, sería un buen comienzo.

escrito por Cristina Díaz a las 8:26 pm  

1 Comentario »

  1. Hola desde Colombia, me encantó el artículo, quisiera poder enlazarlo desde el blog Estilo de Vida, claro por supuesto previo consentimiento.

    Comment by Cesar Augusto Galan Zambrano — 3 September, 2009 @ 4:48 pm

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