Sunday, September 30, 2007

“Mi trabajo se enfrenta a las vacas sagradas del arte”

La “Lección de anatomía” de Rembrandt reinterpretada por el artista cántabro Javier Arce como “dibujo estrujado”.

Irónico y juguetón. Javier Arce (Santander, 1973) plantea aspectos complejos en torno al mundo del arte, en propuestas accesibles lúdicas. Por ejemplo, sus dibujos estrujados, que le han colmado de premios y felicitaciones. En este invento comprimido Javier reproduce en papel y con rotulador los grandes clásicos de la historia de la pintura a escala 1:1.

¿Qué pretende al arrugar estas imperfectas copias de obras de Rembrandt o Hopper? Poner de manifiesto que, a base de reproducirlas una y otra vez, las imágenes han perdido su valor. Ahora, en la Galería Llucià Homs, presenta “El ornamento de las masas”.

Empecemos recordando tus primeras exposiciones. Entonces creabas piezas escultóricas, en las que no había esa crítica al arte. ¿Cómo terminas por llegar a esa crítica y qué sentido tienen aquellas esculturas en tu obra?

Empecé con obras muy cerradas. Me refiero a que, experimentando con diferentes materiales, me concentraba en el valor estético de la pieza. La obra era el discurso en sí misma, no se sustentaba en otra idea. Enseguida me planteé para qué servía todo aquello. No podía evitar pensar que, al final, las esculturas se acabarían convirtiendo en objetos decorativos, que terminarían exhibiéndose en una casa. Luego viajé a Londres y, por influencia del máster que estaba cursando, empecé un proceso de autocrítica, rompiendo con todo el valor formal de mi trabajo anterior. Así que volví a la pregunta de “¿para qué sirve todo esto?”.

En estos dibujos reproduces lienzos emblemáticos de la historia de la pintura. ¿Crees que esos clásicos se han convertido ya en imaginería pop para las nuevas generaciones?
Tengo un gran respeto por Picasso, por Goya y por los clásicos en general. ¡No tengo nada personal contra ellos! Se trata de usar estas obras para desarrollar una idea, basándome en su valor como icono, su pérdida del significado original. En el caso de mi dibujo del Guernica, por ejemplo, fue adquirido por Artium (Vitoria). El contenido enlaza perfectamente con el Guernica y la presentación coincide con el setenta aniversario de este bombardeo. Son obras revolucionarias tanto por la técnica como por el contenido y, sin
embargo, su expresión actual sigue provocando las reacciones que éstas provocaron entonces, aunque ahora hayan perdido su sentido. Algunas en poco más de sesenta años, como en el caso de Picasso.

Para los dibujos es muy importante tanto los materiales que utilizas como la forma en que presentas la obra. ¿Qué importancia tienen esos aspectos?

Son grandes dibujos en papel irrompible, dibujados con rotulador, en blanco y negro y de manera muy esquemática. Me pareció atractivo dibujar las Meninas, por ejemplo, con el mismo rotulador que usan los chavales para poner tags en la calle o en el metro. Me atraía mezclar algo urbano, cotidiano, que no deja de ser tinta al alcohol, con una vaca sagrada del arte. Busco ese enfrentamiento. Los presento de una forma muy didáctica, quizá peca de demasiado pedagógica, pero no quiero que el espectador se quede tan solo con la anécdota. Mi intención es que vean que hay algo más. Si muestro el proceso, se destaca su valor de objeto, pero también el de la imagen masticada y trillada que representa.

En la nueva serie ‘Parkett’ reproduces otros iconos: los grandes nombres del arte contemporáneo. ¿Intentabas criticar el poder de los medios para señalar a algo así como “los elegidos”?

En estos dibujos reproduzco las obras que crearon artistas contemporáneos, como Jeff Koons, Pipilotti Rist, Laurie Anderson, etc. para el aniversario de la revista especializada Parkett. La idea inicial era hacer el proceso contrario a los dibujos estrujados, es decir, apropiarme de algo seriado, copiarlo y convertirlo en una obra única. Pero es cierto que los once dibujos que cuelgan de la galería ahora sí que podrían considerarse como la alineación del equipo titular del arte actual.

En Londres nació ‘Sin título (Prototipo de objeto inútil)’, tu primera obra crítica con el mundo del arte, donde te cuestionabas sus convenciones y que, sin embargo, te valió como invitación a la feria ARCO.
Sí, con ese proyecto empiezo a reflexionar sobre cómo funciona este sistema: las ferias, esa figura del artista nómada que va de ciudad en ciudad, a residencias, exposiciones, etc. y todos esos planteamientos los apliqué al objeto. Así que creé algo que no servía para nada, más allá de lo estético. Esa especie de funcionalidad inútil, meramente decorativa, que puede tener el arte. Me interesaba mostrar lo que queda oculto para el espectador. De ahí el valor de que se transportara plano en la típica caja que se utiliza para las obras de arte y que formaba parte de la pieza. De alguna manera, la idea de mostrar cómo se transportan los dibujos estrujados (arrugado, en una bolsa de basura, dentro de una caja) parte también de ese objetivo.

Has hablado de un ciero valor decorativo del arte. Esta exposición se titula ‘El ornamento para las masas’. ¿Con ese título, te refieres a esta nueva función del arte como nueva forma de entretenimiento masivo?

La verdad es que he reflexionado mucho sobre esa idea. Deberíamos preguntarnos por qué la gente acude a estos grandes centros culturales. Quizá se ha convertido en algo parecido a pasar la tarde del sábado en el Carrefour. Creo que en lugar de interesarnos por el número de visitantes de una exposición, deberíamos prestar más atención a la educación, a enseñar a ver arte a los que no están familiarizados. Uno de los centros que mejor cumple esta función es Whitechapel (Londres), realiza exposiciones de artistas actuales y son capaces de adecuarlo al contexto del centro, atrayendo a jóvenes, a los vecinos del barrio. Nadie se escandaliza, ni se ríe, ni, por supuesto, se siente fuera de lugar. Es importante que los artistas también trabajemos a ras de suelo y reflexionemos sobre todas estas cuestiones.

Como vemos en la exposición, esta técnica sigue interesándote, ¿cuál es el siguiente paso que darás con tus dibujos estrujados?

Ahora he empezado una nueva serie basada en las Brillo Box de Warhol. Encontré una fotografía del artista posando durante el montaje de la exposición. Quiero reproducir en vídeo esa imagen, posar frente a mis cajas, que haré en papel, y luego arrugarlas y amontonarlas. Sería como crear una montaña de desechos a partir de la instalación. Todo esto surge tras leer ‘Después del fin del arte’ (del filósofo estadounidense Arthur C. Danto) donde se disecciona el sentido del diseño de este producto y por qué es tan simbólico que Warhol elija este producto. Mi idea es crear unas Brillo Box en blanco y negro, sucias y arrugadas. He dibujado también varias banderas de Jasper Johns y creo que puede ser un proyecto interesante, que titularé Rojo, blanco y azul. Aunque, eso sí, todo estará dibujado con rotulador negro.

escrito por Cristina Díaz a las 12:12 pm  

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