Saturday, August 18, 2007

La fotografía de moda a examen

“En las carreras” (1958), una fotografía de Frank Horvat para la revista Jardin des Modes.

Resultado de un triángulo amoroso que une estilo, arte y realidad social, las imágenes de moda han sido desde siempre un lujoso espacio para la creación. Una exposición nos recuerda sus momentos más emblemáticos y nos lleva a preguntarnos: ¿ha perdido la fotografía actual la calidad de antaño?

Dicen los teóricos que la fotografía de moda es un formato impuro. Un lugar indefinido entre la publicidad y el fotoperiodismo. Sus imágenes no anuncian productos ni documentan. Y sin embargo hacen ambas cosas. A lo largo de la historia del género nos ha mostrado prendas y lugares deseados, pero también ha puesto un espejo delante de la mujer, que ha visto reflejados sus cambios y aspiraciones, y ha vivido de cerca la evolución del arte. La exposición Mujer, etcétera, en la sala de la barcelonesa Fundación Foto Colectania trata precisamente de ese vaivén entre mostrar lo que lo que somos y lo que desearíamos ser. Todo ello a través de unas fotografías perfectas que, varias décadas después, siguen respirando modernidad y estilo.

Arte y moda se dan la mano

Para empezar, una instantánea de la época: Nueva York, años veinte. La euforia reina en esta escena, las máquinas y los rascacielos representan el sueño de un futuro mejor. Las mujeres, apoyadas en el movimiento sufragista, no se conforman con ser musas y modelos. Los artistas europeos descubren “la Gran Manzana” y, a la vez, galeristas e intelectuales norteamericanos quedan fascinados por las vanguardias. Nace una historia de amor transatlántica que se podría seguir en las páginas de Vogue de la mano de Edward Jean Steichen. En sus imágenes, recogía el espíritu del arte constructivista a través de formas geométricas y composiciones completamente modernas. Dora Philippine Kallmus, conocida como Madame d’Ora, es una de las primeras mujeres en ponerse tras la cámara. Sus fotografías parecen ser una prolongación de otro medio recién nacido que fascina al público: el cine. Esta artista toma la inspiración de aquellas primeras películas y sus heroínas creando imágenes llenas de misterio y exotismo.

Nuevos sueños, nuevas estrellas

Esta alegría no duraría demasiado. Pocos años después, la depresión económica arrasa América. Mientras, a este lado del Atlántico, nace el psicoanálisis. El Surrealismo crece a la sombra de las revolucionarias teorías del doctor Freud y artistas e intelectuales se vuelcan en explorar el inconsciente. La fotografía se llena de elementos oníricos y los artistas de este movimiento publican sus obras en las revistas de moda, como Man Ray o Salvador Dalí. En aquellos momentos, un joven alemán viajaba a París para estudiar arquitectura con Le Corbusier. Afortunadamente, nunca lo conseguiría. Era Horst P. Horst y, gracias al fotógrafo George Hoyningen-Huene, empezó a publicar fotografías en la edición francesa de Vogue. Inspirándose en la cultura clásica, da una gran importancia al entorno en sus retratos que ocupan espacios casi irreales donde destacan elementos arquitectónicos. Eran los tiempos del expresionismo en el cine, y Horst copia sus dramáticas iluminaciones. A menudo, los rostros de las modelos o parte de los vestidos quedan semiocultos, destacando sobre un fondo fantasmagórico. Otro de los fotógrafos más emblemáticos de la época, Cecil Beaton, enfocaría con su cámara hacia otra fuente de fantasías e inspiración, un lugar del que surgirían nuevos modelos de mujer, más libres, más activas y capaces de retar a los viejos estereotipos: Hollywood. Divas resplandecientes como Greta Garbo y Marlene Dietrich son fotografiadas por estos genios y ocupan páginas en las revistas de moda que, otra vez, ilustran nuevas formas de vida que inspiran a lectoras en todo el mundo.

Grandes maestros

Tras la segunda guerra mundial, llega el esplendor. A través del objetivo, vemos una nueva silueta para la mujer: es la revolución del New Look de Christian Dior. Se rompe con la austeridad de la guerra, la economía está más pujante que nunca en América y las revistas se abren a un público mucho más amplio: la alta costura se sustituye por el más asequible prêt-à-porter. Desencorsetada (¡literalmente!) la moda y la mujer, aparecen nuevas sensibilidades y miradas. Llega la era dorada de la fotografía de moda y entran en escena nombres como Frank Horvat, Richard Avedon o Irving Penn. Formado en la pintura, Penn creaba magníficas composiciones, que a menudo, se inspiraban en clásicos del arte. En 1951, toma una imagen histórica, Woman in Palace con Lisa Fonssagrives como modelo. En un entorno exótico, exquisitamente compuesto, la que fuera su esposa y musa, aparece cubierta con una gran chilaba y un turbante mira fijamente a la cámara. Sentada en el suelo, sin marcar la figura y con una actitud lejos de las rigideces de la época, la modelo trasmite una elegancia natural pero también un fuerte carácter.
Richard Avedon eleva el género a la categoría de arte. Con él, acaba la inexpresividad: la modelo da rienda suelta a sus emociones. En sus imágenes, los gestos y la ordenación de figuras en el cuadro parecen casuales, lejos de la rigidez de otros tiempos. Desprenden naturalidad y un elegante sentido de movimiento. Una de sus imágenes más legendarias es Dovima with elephants. La imagen parece resultado de una locura propia de los delirios del cine mudo: ¡elefantes! Y sin embargo, la modelo aparece aquí como una diosa, casi dominando los animales. Una silueta todo glamour, gracias también a un hermoso vestido de noche diseñado por el asistente de Christian Dior, un desconocido joven llamado Yves Saint-Laurent.
Otro símbolo de esta elegancia casual, donde la expresión de la modelo es casi una forma de complicidad con todas las mujeres aparece en la obra de Frank Horvat. Este fotógrafo italiano, marcado por el trabajo de Robert Capa y Cartier Bresson, y parte de la agencia Magnum, publicó en las principales cabeceras a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Aunque pasaría a la historia por un editorial publicado en la revista Jardin des Modes. Trabajando con una cámara de 35 mm y luz natural, como Avedon, buscaba la espontaneidad de la modelo. Eso sí, en un entorno cuidado, casi coreografiado. La mirada, enmarcada en un espectacular sombrero de Givenchy, entre pícara y segura de la modelo, rodeada por hombres, nos muestra una versión idealizada de los nuevos retos de la mujer.

Años de liberación

En los años sesenta, la imagen nos llega con banda sonora incorporada. Las culturas juveniles, la música popular y la influencia del pop art aparece en las fotografías de moda. La figura del fotógrafo se hace conocida en el público general, gracias a filmes como Blow Up. Londres es el centro de Europa y cuenta con David Bailey como cronista gráfico de su desenfreno. Por aquel entonces, William Klein empezaba a publicar en algunas de las principales revistas de Estados Unidos. Más versado en lo que él mismo denominaba su trabajo “serio” que en la moda e interesado en mostrar la realidad, sus imágenes siempre se disparaban en la calle o en localizaciones y respiraban en todo momento esa idea de “instante cazado” que luego perfeccionó en su trabajo documental. Las vibrantes fotografías de la década prodigiosa y el movimiento de liberación de la mujer tienen por resultado unos años setenta y ochenta cargados de erotismo gracias a dos maestros de la sensualidad. En Francia encontramos a Guy Bourdin y su erotismo un tanto macabro. Su trabajo destaca por un uso extraordinario del color y un imaginario visual único, donde violencia, sexo y glamour se mezclan sin prejuicios. Y, claro, luego llegó Helmut Newton y sus amazonas. Si en Bourdin las mujeres parecían sometidas, en las imágenes de este alemán, ostentan el poder. Una fuerza que llega a través de una sexualidad fría, con puestas en escena que hacen referencia al fetichismo y esa práctica, ahora tan de moda, llamada elegantemente “SM”.

Supermujeres y chicas desvalidas

Durante la década pasada vivimos, para bien o para mal, la era de las supermodelos. Ese puñado de mujeronas pluscuamperfectas, conocidas por su nombre de pila, fueron inmortalizadas por fotógrafos como Bruce Weber o Peter Lindbergh que crean la estética de la época: fotos de grupo (“cuántas más, mejor”, parecía ser la consigna) en estudio. Quizá fotógrafos como Steven Meisel o David LaChapelle reintrodujeron el artificio, la teatralidad en la imagen. Eso sí, de una forma exagerada e irónica. Este último crea sets barrocos y coloristas donde celebrities y modelos se interpretan a sí mismos de manera histriónica. Por su parte, Meisel es uno de el último rey de las “superproducciones”, editoriales narrativos, casi películas, desde su trono en la edición italiana de Vogue. Al otro lado de este escenario, y como protesta a la falta de realismo, aparece la prensa independiente de moda. Las llamadas revistas de tendencias evitan a toda costa el glamour, la fantasía de un mundo perfecto. Los fotógrafos miran hacia el arte y se inspiran en los retratos de artistas como Cindy Sherman o Nan Goldin: personajes marginales y posturas “naturales”. Nace el heroin chic: fotos de chicos y chicas desvalidos, de estética andrógina, en entornos más que urbanos, destartalados. Esta estética se alía con la moda “de calle” y los jóvenes diseñadores. Se gana en realismo pero, por el camino, las modelos pierden toda la fuerza y actitud conquistada durante décadas.

Muchos fotógrafos, ninguna modelo

La última de estas fotos nos llega “pixelada”. La tecnología también ha marcado la evolución de estas fotos de ensueño. La popularización de la fotografía digital, la aparición de los medios en Internet y el omnipresente culto a los famosos parecen marcar las imágenes actuales. Las celebrities se han convertido en protagonistas absolutas de la moda, marcan el estilo y pueden apoyar o hundir una marca a la misma velocidad en la que se toman un frappuccino. Estos elementos crean unas imágenes marcadas por la inmediatez, por la necesidad de renovarse “en tiempo real”. Las fotografías tomadas en la calle o en la alfombra roja, sin preparación, sin set, sin acting e incluso, sin fotógrafo (¿quién no tiene ahora, al menos, una cámara en el teléfono móvil?). Pero, ¿son estas fotografías mejores o peores? Quizá simplemente alimentan sueños distintos, y mientras nuestras madres aspiraron a ser capaces de sostener la mirada como Lisa Fonssagrives, nuestras hermanas pequeñas suspiran por los estilismos de las gemelas Olsen. Probablemente, porque esa actitud dejó de ser un reto hace años.

escrito por Cristina Díaz a las 5:21 pm  

3 Comentarios »

  1. este articulo es muy bueno

    Comment by jessica — 24 March, 2009 @ 1:34 am

  2. Muy buena forma de ver la fotografia de moda :)

    Comment by Bar — 21 October, 2010 @ 11:31 pm

  3. Gracias, Bar !

    Comment by Cristina Díaz — 27 October, 2010 @ 9:07 pm

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