Wednesday, August 1, 2007

Nuevas estrellas, viejos escándalos

Cenotafio de la malograda Jayne Mansfield, colocado por sus fans en el Hollywood Forever Cemetery de Los Angeles.

La omnipresencia de las cámaras digitales, la proliferación de medios en papel y online y una especie de “locura colectiva” por las celebrities, han provocado el aumento de las noticias sobre las hedonistas aficiones de jóvenes artistas y socialites como Lindsay Lohan, Paris Hilton o Britney Spears.

Sin embargo, su actitud y sus excesos son tan antiguos como el mismo Hollywood en el que se mueven. La historia del show business está plagada de estrellas que bien podrían ser los hermanos mayores de esta incombustible pandilla.

En el momento en que se publique este texto, es posible que Paris Hilton haya salido de la cárcel. Aunque es más probable que haya vuelto a entrar. Seguramente Lindsay Lohan haya hecho un par de visitas más al tristemente famoso centro de desintoxicación Promises. Y, como lleva sucediendo en los últimos meses, lo habremos visto todo “en tiempo real”, perfectamente documentado en decenas de imágenes en todo tipo de revistas y blogs.
Sin embargo, los excesos de la Bitch Generation (como se han bautizado irónicamente en Francia las andanzas de esa pandilla compuesta por Paris, Lindsay, Britney, Nicole, las Olsen y todas las demás) no son nada nuevo. Desde hace cien años espectadores de todo el mundo han asistido con mayor o menos asombro (poco durante los relajados 20 y los alucinados 60, rasgándose las vestiduras durante los encorsetados 50 y los conservadores 80) a los escándalos protagonizados por primeras figuras (y no pocos aspirantes) del mundo del espectáculo y, especialmente, de su capital, Hollywood. ¿La diferencia respecto a las chicas de hoy? En aquel entonces no todo el mundo tenía una cámara al alcance cuando los momentos de alegre desorden tenían lugar, ni mucho menos podían difundirlo al instante a todo el mundo. Sin embargo, libros, revistas, rumores y todo tipo de leyendas urbanas han permanecido para recordarnos que nada importa cuando uno es rico y famoso. O puede que sí, a juzgar por la suerte que corrieron muchos de estos “afortunados”. Recogemos aquí algunos de los escándalos más sonados del show bussiness que dejan a la nueva generación de estrellas como auténticas beatas.

Vive rápido, muere joven

Este año nos ha sobrecogido la muerte de la polémica starlette Anna Nicole Smith. Con menos de 40 años, dejó detrás de sí un primer marido con tan sólo 16 años, una escandalosa boda con un rico octogenario y centenares de candidatos para la paternidad de su pequeña hija. Cuatro décadas antes de que la Playmate y stripper naciera y antes de que lo hiciera el cine sonoro, despuntaba en Hollywood una actriz llamada Barbara LaMarr. Protagonista de lacrimógenos melodramas y damisela en películas de espadachines, en su vida privada la estrella “demasiado hermosa”, como rezaban los carteles de entonces, llevaba una vida de excesos, muy común en esta ciudad que acababa de descubrir su poder y donde la morfina, el opio y la cocaína corrían por doquier. La diversión fue el objetivo único de esta diva: nunca dormía más de dos horas porque lo consideraba una pérdida de tiempo, y dicen que sus amantes se contaban por docenas, probablemente, como las sustancias que consumía. Los excesos la llevaron a una muerte temprana, dejando tras de sí con tan sólo 30 años ¡séis maridos!

Niños de Hollywood

Si Dina Lohan y Lynne Spears hubieran visitado una hemeroteca es muy posible que se lo hubieran pensado dos veces antes de llevar a sus pequeñas Lindsay y Britney a los cástings de la Disney. Y es que parece que los niños prodigio acaban siendo víctima de una maldición que les lleva a cometer todo tipo de excesos y cultivar aficiones propias de los mayores. El dinero, la libertad (y la falta de capacidad para administrarlos) y unos padres más preocupados por los contratos que por la educación suelen ser los ingredientes para un cóctel que pocas veces acaba bien.
Imagen misma de la inocencia, una Judy Garland no tan niña rodó El Mago de Oz atiborrada a barbitúricos (proporcionados por el propio estudio, según ella misma confesó). Más recientemente, Drew Barrymore, hija de actores que creció en los estudios, ejemplificó de nuevo los efectos de la fama precoz. América se enamoró de “la niña de E.T.”, que pasó a ser habitual de Studio 54 (¡a los 9 años!) donde se la podía ver alternando con los adultos copa en mano, las drogas no tardaron en llegar con devastadores resultados. Afortunadamente, su familia decidió internarla en un centro de desintoxicación y diez años después pudo rehacer su vida, convirtiéndose en una de las actrices mejor pagadas de Hollywood, productora de sus propias películas y Embajadora de las Naciones Unidas. Sin embargo, parece que no cunde el ejemplo y las mamás siguen queriendo que sus retoños salgan por la tele. Macaulay Culkin, el tierno protagonista de Solo en casa, vio como su ascendente carrera se detenía a los 14 años por el divorcio de sus padres. Su custodia (y la de los muchos millones que el pequeño Culkin había ganado) fue objeto de una encarnizada lucha entre los progenitores. Y mientras andaban peleándose, alguien se olvidó de cuidar al niño, que empezó a hacer travesuras algo más graves que las de sus películas. Recién cumplidos los 18 años se casó con la actriz Rachel Miner (que ahora podemos ver en la serie Californication), de la que se divorciaría dos años después. A los 24 fue detenido con un repletísimo “botiquín” que contenía antidepresivos y todo tipo de píldoras conseguidas, claro está, sin receta médica. Haley Joel Osment (sí, el pequeño de El Sexto Sentido) ha sido el último “niño de Hollywood” en provocar un escándalo, cuando el pasado verano fue detenido por “conducir bajo la influencia” (las famosas siglas DUI) del alcohol. Y es que en ocasiones, más que muertos, Osment veía doble.
Curiosamente, sólo la niña prodigio por antonomasia, Shirley Temple, pudo escapar a este destino. Excepción que confirma la regla, en cuanto dejó de ser la ñoña criatura de los tirabuzones se puso a estudiar e hizo una exitosa carrera en el cuerpo diplomático y en el partido Republicano (pensándolo bien, puede que no se salvara tanto de esta maldición).

Ricas herederas

Nacer en el seno de una gran familia americana no siempre ha sido sinónimo de lanzarse al desenfreno consumista y la fiesta sin fin. Hubo una heredera que, pese a no cultivar las caras aficiones de la Hilton, acabó dando con sus huesos en la cárcel. Era Patty Hearst, nieta del magnate de la prensa William Randolph Hearst (en quien está inspirado el título clásico y opera prima de Orson Welles, Ciudadano Kane), que a los 20 años fue secuestrada por un grupúsculo de guerrilla urbana que respondía al extravagante nombre de Ejército Simbionés de Liberación. La heredera, en un severo caso de Síndrome de Estocolmo, poco tiempo después se acabó uniendo a sus captores y participó en un sonado atraco en el que pretendían obtener fondos para la organización. Hearst fue detenida al cabo de unos meses y pese a declarar que le habían lavado el cerebro, acabo en la prisión. Desde entonces, ha hecho apariciones en los filmes de John Waters y su caso es una referencia constante en la cultura popular, desde letras de canciones punk a Los Simpson.

Vídeos de primera

Ríos de tinta, o más bien bits, corrieron hace un par de años alrededor del vídeo 1 night in Paris, una cinta doméstica de contenido sexual que mostraba a la Hilton manteniendo relaciones con su novio de la época, Rick Salomon (recién casado y divorciado de Pamela Anderson). Las películas “caseras” distribuidas como material pornográfico o la participación de grandes estrellas en filmes “picantes” en los principios de sus carreras es algo tan antiguo como el cinematógrafo (eso sí, los hermanos Lumiére no contaron con que un siglo después el YouTube llevaría algo más jugoso que llegadas de trenes y salidas de trabajadores de la fábrica a los hogares de millones de usuarios ávidos de chismes).
No son pocos los actores y actrices de la era dorada de Hollywood que se dejaron engatusar para aparecer en películas y fotografías subidas de tono o “a la francesa”, como se llamaban en la época. La primera gran rubia de Hollywood, Jean Harlow, Joan Crawford, conocida por su desmedida ambición y sus malas artes para conseguir todo lo que se proponía, Barbara Stanwyck o Jayne Mansfield protagonizaron algunas de esas pícaras películas como primer peldaño en su camino a la fama. En la ya extinta era del VHS supimos de filmes bastante más evidentes que los de las viejas glorias de “la fábrica de sueños” protagonizados por “actores” como Silvester Stallone o Rob Lowe, a quien una cinta que mostraba al actor con dos menores casi le cuesta la carrera.
Eso sí, la rápida difusión del formato digital, ya sea en DVD o a través de la red, ha provocado un aluvión de clips que aireaban las intimidades de un buen puñado de celebrities, la mayoría de veces sin su consentimiento: desde la luna de miel de Pamela Anderson y Tommy Lee, a la corta secuencia entre Colin Farrell y la playmate Nicole Narain, pasando por la traición con todas las letras que supuso la venta de una cinta por parte de Cerlette Lamme, donde esta desconocida actriz mantenía relaciones con Kelsey Grammer (que encarnó la década pasada al doctor Frasier Crane que daba nombre a la serie Frasier y ahora productor de Medium).

Barriendo los pecados

Otra de las imágenes que nos ha regalado el último año ha sido el “desfile” de Naomi Campbell hacia el edificio que debía limpiar como “servicio a la comunidad” para resarcirse de uno de sus sonados telefonazos a sus assistants. Los encontronazos con la ley, muchas veces seguidos de un “no sabe usted con quien está hablando” tampoco son un invento de la era de Internet. Cuentan que el policía que paró el coche de Zsa Zsa Gabor con intención de multarla se llevó un par de bofetadas de la diva, que por ese desmán acabó haciendo labores de “voluntariado” (es un decir) en un albergue para mujeres.
Este tipo de condenas “ejemplares” que obligan a los famosos a remangarse y hacer trabajos deshonrosos para su posición se han puesto de moda al otro lado del Atlántico y, tanto es así, que es difícil no encontrar una estrella que no haya estado barriendo un centro público o recogiendo latas en una carretera. Winona Ryder, cleptómana aficionada, trabajó 480 horas en un hospital tras ser pillada queriéndose llevar un modelito de Marc Jacobs en unos grandes almacenes sin pasar por la caja. Más recientemente, Boy George y George Michael han tenido en común algo más que el nombre, puesto que han donado su precioso tiempo a estos servicios, a cambio de fingir un robo en su apartamento (para cobrar el seguro) y dormirse al volante gracias a una buena dosis de sedantes, respectivamente. Dos estrellas de dos series televisivas míticas, cada una en su época, también han tenido que echar mano de la escoba para no acabar en una celda: la morena “vigilante de la playa” Yasmine Bleeth y Jenna Bush, la hija del presidente de los Estados Unidos, detenida por conducir bajo los efectos del alcohol, afición ésta, la de la botella, que también causó estragos en su padre.

escrito por Cristina Díaz a las 6:29 pm  

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