Wednesday, June 30, 2004

El largo verano del 64

Este 2004 se celebran los 40 años del estreno comercial de la película The endless summer. En este documental, su director Bruce Brown se dedica a seguir a dos surfistas en su particular vuelta al mundo en busca de la ola perfecta.

Esta película se ha convertido con el tiempo en un icono de la cultura surf y se considera el film fundacional del cine surfista. En cualquier caso, se trata de un hermoso viaje en busca de la libertad que revisamos ahora junto a su director, con la nostalgia por un tiempo en el que las olas no tenían patrocinador y los viajes no eran turismo.

Corrían los años 50 cuando el surf llegó a los Estados Unidos. Aquella época de grandes esperanzas económicas dio una generación que estrenó el concepto de «cultura juvenil». Los avances tecnológicos heredados de la guerra fueron el origen de la propagación de un deporte importado pocas décadas antes de Hawaii. El primer lugar donde emergió el surf como cultura juvenil fue en las playas de Malibú, para luego extenderse por todo el sur de California.

Nunca llueve en Dana Point

El joven Bruce Brown, que acababa de iniciarse en el cine surf, se contaba entre los pioneros que se habían asentado en la Costa Oeste de Estados Unidos. «En aquellos días no había una escena organizada, éramos una especie de rebeldes que disfrutaban pasando el rato en la playa y cabalgando olas. El surf era algo nuevo y estimulante, y por encima de todo era diversión. Al ser un pequeño grupo de personas que lo practicaban, claro, nos conocíamos todos. Yo vivía en Dana Point, que por aquel entonces era California, y recuerdo cómo la gente que había oído hablar de nosotros, los «surfistas», nos llamaba la Mafia de Dana Point. Algunos de mis amigos de aquella época eran Hobie Alter, Gordona Clark, Dewey Weber, George Downing, Phil Edwards y Mickey Dora». Mickey ‘Da Cat’ Dora, considerado el surfista más influyente de aquella década e indiscutible rey de Malibú, y el propio Bruce Brown vieron cómo rápidamente su estilo de vida era estereotipado y vendido por os medios de comunicación. «A lo largo de los años el surf ha fascinado a los medios de comunicación. Además, cuánto más se habla de ello, más atractivo resulta para el mainstream. Público de todo el mundo empezó de repente a ver películas y a leer sobre este deporte. Lo cierto es que en Hollywood se hacen películas sobre lo que sea con tal de atraer al público. Obviamente, dudo que lo hagan por su pasión por el deporte o su amor al mar». La escena surf del sur de California vivió pues, y de forma casi simultánea, su desarrollo con su explotación comercial por parte de Hollywood.
La reducción del surf a pasatiempo para jóvenes descarriados que pronto vuelven al redil (argumento fundamental de las cintas estilo beach party que poblaron las salas comerciales de la época) poco tiene que ver con los documentales de Bruce Brown. Tanto en The endless summer como en las cinco películas que rodó anteriormente, este realizador reflejaba menos los trucos surfistas y el publicitado «estilo de vida» para centrarse en un sano hedonismo, la comunión con la naturaleza y una ingenua curiosidad por las personas que iba encontrando en sus expediciones en busca de la ola perfecta. No había intención comercial en ellas, eran las películas domésticas de un gran director. «Cuando empecé a rodar películas de surf fue para documentar qué era y retratar a la gente que estaba involucrada. Nunca pensé que llegaría a vivir de mi cine y mucho menos que las películas iban a tener el éxito que han tenido. Comencé a rodar mientras hacía el servicio militar (estaba destinado a Hawaii). Rodaba a los surfistas locales con una cámara de 8 mm. Conseguí que se exhibieran en la tienda espacializada de Dale Velzy, que además me dio unos cientos de dólares para seguir filmando, fue como me pude pasar a los 16 mm».

La búsqueda del eterno verano

Todos los títulos de Bruce Brown narran viajes de surf, todas documentan una búsqueda: la de la ola perfecta. Desde Hawaii a Australia, pasando por México o Japón. La culminación de estos filmes, que el propio director reconoce como «películas de aprendizaje», es The endless summer, un largometraje rodado durante un año de viaje alrededor del mundo siguiendo la estación estival. La película está protagonizada por dos renombrados surfistas de los años 60, Robert August y Mike Hynson, y constituye la materialización del sueño de Brown y de todo surfista que se precie: vivir un verano eterno de playas exóticas. La película está localizada en lugares tan dispares como Australia, Senegal, Nigeria, Tahití o Hawaii. «Mi sueño siempre fue buscar la ola perfecta, en cualquier lugar. Además, desde que empecé con el surf quería ir a Sudáfrica. Estuve mirando cuánto costaba un billete de ida y vuelta a y me di cuenta de que era mejor ir por todo el mundo con 50 dólares, que fue lo que conseguí gracias a la película. En cuanto a Robert y Mike, la verdad es que eran tan solo dos tíos que tenían el tiempo y las ganas de seguirme en este viaje». El espíritu abierto y desenfadado se respira durante toda la película. «Es que es una peli sobre el surf, sobre lo bien que nos lo pasábamos». Y los recuerdos de esta aventura han quedado grabados en la memoria de Brown. «Alucinamos completamente con lo que los nativos de la Costa Oeste de África hacían con las tablas. Era increíble ver a grandes y pequeños volverse locos con el surf. Es una imagen que permanecerá grabada en mi mente para siempre. Pero no sólo eso, recuerdo también la emoción y fascinación por lo que estábamos consiguiendo en el agua. Los gritos, las miradas, los paisajes. ¡Qué recuerdos!».

Surfistas en Kansas

Pero esta película rodada por un loco del surf consiguió convertirse en un mito a lo largo y ancho de los Estados Unidos gracias al esfuerzo de Bruce Brown y una idea tan acertada como surrealista: estrenar The endless summer en Kansas. La película se exhibió primero en diferentes tiendas de surf de la Costa Este. «Bajamos toda la Costa Este para luego subir por el lado Oeste. La gente acudía en masa para ver la película allí donde íbamos». Esto les decidió a querer mostrarla en salas comerciales. Gracias a un amigo, y a pesar del rechazo de los distribuidores, Brown consiguió estrenar su película en Wichita. «Nos imaginamos que si podíamos atraer al público de Kansas los críticos nos harían caso. Kansas no tiene mar y por aquellos tiempos no habían visto jamás un surfista. Pensábamos que si teníamos éxito aquí, también lo conseguiríamos en cualquier otro sitio. ¡Pues se agotaron las entradas para odas las noches! En aquella época se narraba en directo durante la proyección y se paraba la película si la bobina se estropeaba. No era tan hi-tech como ahora, era toda una actuación en directo. Eran nuestra familia y amigos los que exhibían la película y se encargaban de todo (¡hasta de vender las entradas!)». De ahí, el film saltó a la Gran Manzana y al reconocimiento de la crítica. «En 1966 la película se exhibió en Kips Bay, Nueva York, donde la versión de 35 mm de la película acabó por pasarse durante dos años». El mito acababa de nacer aunque para Bruce Brown sigue siendo «una peli sobre el surf y la diversión».

escrito por Cristina Díaz a las 7:57 pm  

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