Thursday, April 3, 2008

Extrañas como la vida misma

Tríptico de la serie Decoration (2008) de la artista Tomoko Sawada.

Tomoko Sawada se disfraza con los atuendos de las adolescentes niponas y documenta el cambio social del país.

Cualquiera que haya estado en Tokyo vuelve contando la experiencia de visitar el barrio comercial de Shibuya donde las pandillas de adolescentes se encuentran y van de compras. Juntos pero no revueltos, eso sí. Un gran número de jóvenes japoneses, al llegar a la pubertad, suelen abrazar alguna de las muchas variantes del estilo Harajuku. El término, que hace referencia a la estación de tren de la capital nipona en torno a la cual se reúnen sobretodo las chicas con sus peculiares vestimentas (lolitas; kogals; visual kei; seguidoras de bandas rockeras locales, o cosplay, que visten como personajes de anime, etc.), se refiere a la práctica que consiste en llevar estos atuendos hasta las últimas consecuencias.Toda una industria apoya estas “tribus urbanas”: revistas especializadas, tiendas y marcas de moda y complementos extremos se vuelcan en estos chavales ávidos de consumo. A pesar de lo exótica que pueda parecer a ojos de un occidental, esta subcultura se puede interpretar como una manera más de alienación, de presunta diferenciación desde la pertenencia al grupo. O, al contrario, ¿estamos ante una muy particular forma de emancipación de las jóvenes japonesas?

Miriñaques entre rascacielos

Esa ambigüedad es la que plantea Tomoko Sawada (Kobe, 1977) en la exposición que esta tarde se inaugura en el Espai 13 de la Fundació Miró (Barcelona). Cuarta muestra del ciclo “Kawaii!” y primera consagrada a la fotografía, en “Identidades” la artista ha enfrentando en la sala pequeña del centro barcelonés a dos de estas subculturas de signo (al menos estético) totalmente contrario. En grandes fotografías, aparecen aquí las Lolitas y las kogal. Las integrantes del primer grupo visten como muñecas de porcelana de la época victoriana: camisas con chorreras, faldas con miriñaque, popolos, parasoles con volantes y, en general, una profusión de lacitos y complementos cursis. Los infinitos subgrupos, que aparecen en las imágenes de Sawada, Góticas, Dulces, Punk o Wa/Qi, que mezclan esas ropas con prendas o estampados tradicionales japoneses. Al otro lado, las kogal, que aspiran a un look “californiano”: minifaldas, tops con leyendas en inglés, zapatos con plataformas y colores brillantes. Como esa indumentaria sería demasiado sencilla, se combina con maquillaje que emula el bronceado UVA y un corrector de ojeras radical al más puro estilo “oso panda”. Sin embargo, unas y otras son, en realidad la propia artista que a lo largo de toda su carrera se ha valido del autorretrato para llevar a las salas de exposición diferentes aspectos de la sociedad japonesa contemporánea.

Sólo una moda

El aspecto de Tomoko Sawada poco tiene que ver con las lánguidas jovencitas que han desfilado por este ciclo. Con mayor sentido del humor (asegura entre risas que “no tiene amigos artistas”, ya que prefiere la compañía de “oficinistas o camareros” en su vida diaria) cuenta que ella misma de adolescente abrazó, con mucha discreción, la estética kogal y que son una gran mayoría de jóvenes los que participan de esta cultura urbana. En esta ocasión fue la propuesta de la comisaria del ciclo la que le hizo volver a sus años de juventud. “Me pidieron un proyecto relacionado con el estilo Harajuku. La estética kogal está ahora en retroceso, pero hace unos años era lo más. Al contrario, últimamente lo que más se ve en las calles son Lolitas”. En este caso, se ha valido de sus propios alumnas (da clase de arte). “Ellas me contaron todo lo que hay que saber sobre esta indumentaria. Me contaron las marcas de moda que compran y qué revistas le sirven de inspiración. Como es un fenómeno muy aceptado en Japón, es fácil conseguir toda esa información”. Tras esto, Sawada selecciona qué quiere mostrar y, ella misma, se disfraza y se maquilla hasta parecer “una más” en estas pandillas. Pese a ser conocida por su fotografías, no utiliza la cámara “de eso se ocupa mi asistente”.
En sus series, la artista no pretende ser crítica con esta subcultura que “es sólo una moda”, algo llevada al extremo, eso sí. “No intento lanzar una idea determinada sobre estos fenómenos. De hecho, ni yo misma sé porqué suceden. Sólo quiero que se establezca un diálogo entre la obra y los espectadores, invitarlos a que formen su propia opinión”.

Cero crítica

Sin embargo, sus obras distan de ser neutrales, aunque ella lo pretenda: “evito a toda costa ser crítica con el asunto que trato”. En este caso, no se puede evitar plantearse sus obras en términos de género. ¿Logran las chicas mayor libertad respecto a la encorsetada sociedad japonesa? ¿O han cambiado un modelo tradicional machista por otro de consumo desaforado e identidades prefabricadas y pret-a-porter? Sawada sonríe ante estas hipótesis y explica que, en la mayoría de sus entrevistas con los medios nipones surgen todo tipo de interpretación que ella deja a la elección de su interlocutor. Eso sí, no es la primera vez que, con su presunta inocencia, esta creadora entra a matar en las costumbres de su país. En su serie “Omiai” (2001) también encarnó a jóvenes anónimas japonesas, en ese caso, al porcentaje (bajo pero considerable) de mujeres que todavía se emparejan mediante un matrimonio concertado por los padres, que preparan un book con un fotógrafo personal, a la manera de las modelos, con varias indumentarias necesarias en circunstancias diversas (traje chaqueta de mujer trabajadora, quimono tradicional, etc.) y que se muestran luego a los pretendientes. “Me fijo en los aspectos de la sociedad que me parecen extraños, que llaman mi atención”, cuenta la artista, “trato de no profundizar demasiado. Creo que mi cabeza funciona de manera similar a la de mis compatriotas, eso me permite mantener la distancia. Es como si recortara un pedazo de la sociedad y lo llevara al museo. Sin más”

Las claves de Tomoko:

El autorretrato. Tomoko Sawada se disfraza y maquilla ella misma para ponerse en la piel de cualquier estereotipo de la sociedad contemporánea japonesa.
La fotografía como medio. Imágenes de gran formato, hechas en estudio y con fondos neutros, cercanos a la publicidad o la moda, pero también a las fotografías que las familias se hacen en estudios de calidad y gusto cuestionable.
Fenómenos extraños (nipones). Las peculiaridades de la sociedad japonesa son el tema favorito de esta artista. Tanto las costumbres más recalcitrantes como las modas más extremas están en su punto de mira.
Neutralidad. Sawada insiste en que no pretende emitir juicios de valor en sus imágenes. Su intención es llevar aquéllo que le provoca curiosidad a un espacio público y favorecer el diálogo sobre esa cuestión.
Adolescentes. Puesto que siempre trabaja a partir de su propia imagen, su obra siempre parece lanzar ideas sobre la situación de las jóvenes en el Japón actual, entre la adopción de las modas occidentales y sus propias tradiciones.

escrito por Cristina Díaz a las 1:42 pm  

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