Friday, June 20, 2008

Artilugios visuales de ayer y hoy

Proyección de la poética performance “Takashi’s Seasons” de Takashi Kawashima.

SonarMática recupera los ingenios que desembocaron en el cine, enfrentándolos a piezas de arte digital con las que comparten lenguajes y estretegias.

Cada año sucede igual, pocos se acuerdan de que, además de la música (y cierto desenfreno), Sónar es también un festival de arte que, entre exposiciones, directos, performances y conferencias, reúne a las principales figuras de eso que llamamos arte digital. En esta ocasión, y por primera vez en sus 15 años de vida, todas las secciones “extramusicales” del festival se reúnen bajo una misma temática. “El cine más allá del cine” es el lema bajo el que se aglutinan tanto la excelente aunque breve exposición en Sonarmática así como las selecciones de Sonarcinema (en la primera planta del CCCB) y obras en Sonarama (la sección más experimental que acoge el Centre d’Art Santa Mónica, al otro lado de la Rambla).
Esta temática pretende repensar el cine en un momento en que, más que crisis, se encuentra en transformación, bajo la influencia de las nuevas formas de difusión y el masivo acceso a la tecnología digital que permite que cualquiera pueda producir, distribuir o alterar productos audiovisuales.

Trilogía decimonónica

En el centro de esta propuesta encontramos la muestra “Future Past Cinema”, una de las más bonitas y sólidas de la historia del certamen. “Esta exposición viene a ser una extensión del tema del año pasado, la magia. Una especie de trilogía que cerraremos en el próximo festival” nos cuenta Óscar Abril que, junto a José Luis de Vicente, es responsable una edición más de la selección. “Se trata de recuperar el siglo XIX y compararlo con el XXI”, continúa el comisario. La cosa no es, como podría parecer, tan descabellada: “pensamos que ambas épocas tienen emergencias socio-tecnológicas similares”: aparecen nuevas tecnologías para captar y representar la realidad y nuevas formas de comunicarse. De la misma forma, y “antes de que los hermanos Lumière definieran cómo sería el cine, surgieron muchos ingenios y juegos” que anticipiban esa idea de descomponer captar el movimiento y reproducirlo. Los comisarios pues, parecen sugerir que en estos momentos todos los dispositivos y piezas propios de la exposición están configurando unas formas y lenguajes nuevos que, de momento, sólo podemos intuir. Para que no haya dudas (y rozando la obviedad), esos antecedentes del cine se exhiben junto a piezas actuales con las que comparten cierta aproximación a la imagen. Como sucedió en la pasada edición, todas las obras participantes tienen un claro carácter lúdico: “igual que antecedents del cine como el praxinoscopio o la linterna mágina se consideraban juguetes o atracciones de feria, actualmente, los avances tecnológicos están vinculados al juego o al ocio”, afirma Abril y señala el contexto de los festivales o la industria del videojuego como bancos de pruebas de las nuevas tecnologías.

Columpios, juegos y puzzles mentales

Y ciertamente, las obras que se presentan invitan al espectador a jugar. El “Beijing Accelerator” de Marnix de Nijs, libremente inspirado en los antiguos panoramas, sitúa al visitante, que debe sincronizar con un joystick varias imágenes, frente a una pantalla y les hace girar a gran velocidad. Menos mareante es la pieza de Nova Jians, producida en Medialab Prado (Madrid): un columpio frente a una proyección que reproduce el movimiento y las imágenes que veríamos si, en lugar de en el CCCB, nos columpiaramos en uno de los espacios de Matadero Madrid. Como los artefactos fotográficos de Muybridge que descomponían el movimiento, “We are the time. We are the famous” capta la imagen del espectador y la representa como si de fotogramas se tratara. La misma lógica sigue el “Flipbook!” que presenta Fabrica, el centro de investigación creativa italiana, que invita a hacer sencillas animaciones. Los amantes de los desafíos disfrutarán de la precisa pieza de Julian Oliver, “levelHead”, un juego de realidad aumentada “inspirado en los juegos ópticos y filosóficos del siglo XIX, que inspiraban y retaban a la inteligencia del jugador”, según el artista neozelandés afincado en Madrid, y que presenta una serie de habitaciones escherianas por la que debemos desplazar un personaje a base de percepción espacial y buena memoria visual.

Mágicas perfomances

A lo largo de este primer día, la fascinación y magia que debían sentir aquellos primeros espectadores viendo “La llegada a la estación del tren de Lyon” de los Lumière se apodera de la ruidosa sala. Por primera vez, SonarMática ofrece performances de dos artistas que, pese al uso de la tecnología, tienen mucho de artesanos. Takashi Kawashima presenta sus “Takashi’s Seasons”, una actuación que recupera las sombras chinescas a las que a las delicadas marionetas añade sutiles animaciones. Por su parte, Julien Maire deleita con “Demi-Pas”, un experimento documental sobre la vida de un humilde trabajador realizado mediante un proyector construido por él mismo y transparencias insertas en asombrosos mecanismos que este artista francés va intercambiando y manipulando a lo largo de la performance. Un oasis de sensibilidad y artesanía en medio del estruendoso festival.

escrito por Cristina Díaz a las 4:48 pm  

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