Monday, July 7, 2008

El dilema de recordar (o no) el horror

“Electric Chaiselong Le Corbusier 2008″, una de las piezas de “Guantanamo Museum”, el proyecto de Alicia Framis en el Centre d’Art Santa Mónica.

La artista Alicia Framis especula sobre el valor de la memoria a partir de un hipotético museo en la base norteamericana de Guantánamo.

Alicia Framis siempre parte de algún problema de la sociedad para el que hace propuestas de mejora o cambio”, así presentó la comisaria Montse Badia la obra de esta artista, cuya nueva exposición “Guantanamo Museum” se inauguró ayer en el Centro de Arte Santa Mónica (Barcelona). Y razón no le falta. A lo largo de su carrera, ha creado ropa anti-violencia de género (“Anti-dog”), ha lanzado propuestas para repensar las relaciones personales o la enfermedad en la actualidad (“Dreamkeeper” o “Remix Buildings”) y ha invitado a los trabajadores de varias empresas a “congelar” sus movimientos (la serie de performances “Secret Strike”), deteniendo así la actividad económica de grandes corporaciones, al menos, durante unos minutos.
La artista ahora afincada en Shanghai (donde además de su producción artística se ocupa de ArtLab, un espacio en el museo de arte contemporáneo), se fija esta vez en cuestiones controvertidas como la tortura y el horror del que es capaz el ser humano así como la conservación de la memoria de esos espantos. La muestra especula sobre el futuro que debería tener la base americana en Cuba para fabular con la posibilidad de “museizarlo”, una respuesta habitual de lidiar con este tipo de desgracias en nuestra época, tal y “como sucede en Auschwitz o la cárcel de Alcatraz”, comentó la artista durante la presentación.

Mantra macabro

Con esta idea, Framis ha creado “Guantanamo Museum: The List”, una espectacular instalación que ocupa el claustro del centro. Compuesta de 273 cascos de motocicleta, uno por cada uno de los presos, colocados sobre una tarima naranja (el color de los tristemente conocidos uniformes de los internos de Guantánamo), a los que se les ha seccionado la parte superior. “Es un casco que no protege”, nos cuenta la artista, sino que muestra la “desprotección ante los abusos”, la indefensión de los que están encerrados en esa tierra de nadie consagrada a la tortura. De fondo, oímos los nombres de los presos, ordenados musicalmente en “una especie de mantra”, en palabras de la creadora, con la firma del escritor Enrique Vila-Matas y recitados por el músico Blixa Bargeld.

Olvido o banalización

Las colaboraciones son uno de los sellos más distintivos del trabajo de la artista, cuyas obras suelen fruto de un proceso colaborativo. Así, en “Guantanamo Museum: The Sketches”, Framis muestra la conversión del espacio de la prisión militar en un museo, bajo el lema “Things to Forget”, de la mano de la arquitecta Damiana Fossetti. El resultado de los talleres realizados en escuelas de diseño y el centro de producción Can Xalant se incorporan en la exposición, mostrándonos la transformación en merchandising, llaveros con las coordenadas de localización de la base, reinterpretaciones de los uniformes o vídeos, de diferentes aspectos de la base. Otras colaboraciones se irán sumando a este particular museo. El proyecto, que empezó en el marco de la exposición colectiva “Extraordinary Rendition” en la Galería Helga de Alvear (Madrid), se plantea como un discurso en evolución, al que se irán añadiendo nuevos matices en sucesivas exposiciones en los próximos dos años en Francia y Holanda. “Obviamente, deberíamos llevarla también a Estados Unidos y hemos contactado con varios centros, pero allí es aún un tema demasiado delicado”, explica la artista.
El riesgo de que, a base de reconvertir en museos y destinos turísticos estos espacios, se acabe frivolizando o comercializando esos actos, planea sobre toda la exposición. Framis es consciente aunque evita posicionarse. “Me gustaría evitar los discursos más cínicos”, aunque algunas de las propuestas fruto de los talleres en escuela lo son y, sin juzgar, han sido incluidos en la exposición como una opción más. Eso sí, la creadora parece estar más cercana a la idea de cuidar la memoria histórica “ante el riesgo de repetir los errores”, pero también como una suerte de duelo colectivo ante el dolor.

Las claves de su trabajo

Temas polémicos que se tratan sin ánimo de provocar, sino de lanzar reflexiones colectivas y aportar soluciones, muchas veces de corte decididamente funcional. La violencia de género, las corporaciones, el tratamiento que reciben la enfermedad y la muerte o la soledad y las relaciones personales en nuestra sociedad son algunos de los asuntos que han aparecido en su obra. Ahora centra su atención sobre la tortura y su potencial olvido o comercialización.

Proyectos de larga duración que duran varias exposiciones. Cada obra es una nueva aportación a un discurso que se va generando a lo largo de varios años.

Colaboraciones. Los créditos de sus piezas incorporan a creativos de otras disciplinas. En el caso de “Guantanamo Museum” se suman a su nombre de Enrique Vila-Matas, los músicos Blixa Bargeld y Tara de Long (que actuó en la inauguración), el colectivo artístico Les Salonnières así como estudiantes de escuelas de diseño o los artistas del centro de producción Can Xalant.

Multidisciplinariedad. La colaboración con diseñadores, arquitectos y músicos le lleva a incorporar estas disciplinas en su trabajo.

escrito por Cristina Díaz a las 7:00 am  

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