Saturday, September 13, 2008

Magia instantánea

Tres Polaroid con la firma de Pearl que forman parte del proyecto colaborativo Flower Power, lanzado por la red social de amantes de la fotografía instantánea Polanoid.

Pese a la firme intención de Polaroid de dejar de fabricar sus legendarias películas, medios y fans han puesto en marcha una aunténtica revolución (¡digital!) que da nuevos bríos al más pop de los formatos fotográficos.

Con el aséptico brillo y perfección de los formatos digitales plenamente instalados en nuestras vidas, son muchos los “inventos” que se han ido más que con discreción, directamente cabizbajos y por la puerta de atrás. Cacharros de nuestra infancia como el diskette (¡que almacenaba la friolera de 1,4 Mb! poco menos que una cuarta parte de una de las canciones que trajinamos en el iPod) o la cinta VHS (que hizo temer el fin del cine y, lejos de eso, consiguió popularizar el porno) dejaron de fabricarse el pasado año. Estos ingenios, llamados a cambiarnos la vida, desaparecieron sin que le dedicáramos una lágrima. Los designios de la vida moderna sumaron otro triunfo a estos “apagones” analógicos, uno que, sin embargo, sí hizo correr ríos de tinta (y bits): el fin de la fabricación de la mítica Polaroid.

Este anuncio de la empresa norteamericana el pasado mes de febrero hizo correr (esta vez, literalmente) a los aficionados, que entraron en pánico y se lanzaron a aprovisionarse de la conocida película instantánea (fans del mundo, respirad tranquilos: circulan rumores sobre “otra empresa” que tomaría el relevo en la fabricación de los “cartuchos”). Una reacción sorprendente en una época en la que casi todos los hogares disponen de, al menos, una cámara digital (sin contar teléfonos móviles, webcams y demás adminículos capaces también de capturar imágenes). Sin embargo, esta muerte anunciada evoca sensaciones y recuerdos que han provocado esta fiebre reivincativa: el diseño de la cámara, el reconocible sonido de la película al salir, sus característicos colores saturados, los minutos de suspense que preceden a la formación de la imagen y, cómo no, su distintivo marco blanco. Por esos encantos de reminiscencias pop, nuestra memoria guarda el momento exacto en el que nos cruzamos por primera vez con una de estas cámaras o, los más afortunados, puedan recitar todos los datos que rodean a la primera “Pola” que hicieron (1994, en el bar de la facultad, con una 600). Pese a las malas noticias, parece que artistas, medios y usuarios (¿o deberíamos decir fans?) se resisten a que la empresa de Massachusetts olvide sus orígenes para dedicarse a menesteres mucho más mundanos como fabricar DVD o inventar peregrinas impresoras para móviles y han decidido rememorar el valor artístico de estas imágenes o, directamente, organizarse para este formato siga de actualidad.

Honorable pasado y brillante futuro

Insigne caso de estas reacciones lo encontramos en C-Photo Magazine. La lujosa revista de Ivory Press dedica la sección “Archivo” de su próximo número a estas “instantáneas”. ¿Reivindicación o celebración a título póstumo? “Es cierto que en una cabecera como la nuestra dedicada a fotografía, no deberíamos distinguir entre técnicas ni excluir ningún formato. Pero está claro que se trata de un homenaje fruto del anuncio del final de la fabricación de la película”, cuenta Ignacio Andreu, editor gráfico de la revista. La importancia de la Polaroid es tal que C-Photo ha desdoblado esta sección para dedicarla “a la historia pero también a una práctica más contemporánea”, ligada, paradójicamente, a los nuevos medios digitales y las nuevas prácticas, como las redes sociales. O lo que es lo mismo: “la colección de la Polaroid Corporation, con todos los artistas históricos allí representados, y el colectivo austriaco Polanoid”, que desarrolla su actividad en la red. Para Andreu, son dos formas de entender “la magia” del formato. “Por una parte, su historia ligada siempre a la experimentación artística y, por otra, una forma muy de ahora mismo, de utilizar la tecnología digital para generar una comunidad virtual internacional que genera contenido”, dando una nueva vida a la legendaria cámara.
Y es que, desde siempre, el destino y la historia de Polaroid han ido ligado a la creación artística. “Hay algo en el formato que llama a la experimentación”, continúa el editor gráfico, “por sus infinitas posibilidades técnicas pero también por su virtud de objeto físico. Se pueden manipular los líquidos mientras la imagen se forma, se puede rascar la película, se puede conseguir uno u otro efecto dependiendo de la temperatura en la que se encuentre la foto en el momento de revelado”. A esas y otras magníficas torturas han sometido centenares de artistas a estas cuadradas imágenes desde que la cámara “mágica” viera la luz.

La ecuación perfecta

Pocos saben que el “descubrimiento” de la Polaroid fue casi a la misma velocidad a la que se revelaban sus fotos. En 1944, Edwin H. Land tardó apenas una hora en conseguir concentrar cámara fotográfica, líquidos, proceso de revelado y película y que la suma de estos elementos diera por resultado una imagen a los pocos minutos de pulsar el disparador. De clara formación científica, Land supo desde el principio que su “invento” necesitaba de “la visión de un artista” según cuenta Barbara Hitchcock (conservadora de la Colección Polaroid) en las páginas de C-Photo. Ese otro pundo de vista vendría de la mano de Ansel Adams, fotógrafo paisajista de profesión. Este tándem creativo (sobradamente conocido por los aficionados) dieron con la fórmula ideal para desarrollar las dos vertientes de la fotografía que cada uno de ellos encarnaba: la técnica y la artística. Buscaron un grupo de creadores y fotógrafos jóvenes para que probaran el formato (otro de los objetivos era demostrar entre la comunidad artística que la Polaroid era tan válida como medio como la fotografía tradicional) y les cedieron cámaras y películas con una única condición, el fruto de su experimentación pasaba a formar parte de los fondos de la casa. Los artistas encontraron el trato más que ventajoso y han sido muchos los que han dado rienda suelta a su creatividad disparando con Polaroid. Desde fotógrafos de moda como Sarah Moon, a artistas pop como Andy Warhol o David Hockney. Y, como nos recordaba el editor de C-Photo, la tentación de “meter mano” directamente sobre líquidos y película era muy grande, así que no tardaría en llegar. “Ofrece la posibilidad de tener casi tanto control sobre la imagen como con la pintura”, explica desde Berlín la artista Irene Andessner, cuyo nombre se encuentra entre los 2000 creadores que conforman la colección Polaroid y es una apasionada defensora del formato. “Empecé a experimentar con esta película a finales de los 80, al principio era una herramienta de trabajo para mis autorretratos” que le posibilitaba reproducir cómodamente su aspecto, caracterizada como alguno de los personajes (reales o ficticios) que ha encarnado a lo largo de su carrera. Este carácter funcional de la imagen instantánea (que utilizaban multitud de artistas y fotógrafos) acabó marcando la obra de esta creadora. “En gran medida fue la causa mi salto de la pintura a la fotografía” y, de hecho, explica, sigue utilizando su querida SX-70 de manera habitual. “El anuncio de Polaroid me ha dado mucha pena”, confiesa al otro lado de la línea telefónica, “además ha supuesto que los precios de la película se encarezcan”, cuenta entre pragmática y romántica Andessner que, como tantos otros se niega a “pasarse” al formato digital.

Amor al primer disparo

Pese al objetivo (de sobras conseguido) de consagrar Polaroid al arte, la fotografía instantánea también se ofrecía como un divertimento sorprendente y relativamente asequible que caló entre el gran público. La magia de “poder presenciar como se forma la imagen o la posibilidad de verse a uno mismo minutos después de retratarse”, como explica Ignacio Andreu, puso a disposición (años antes de la llegada de la tecnología digital) “unos medios de creación sólo disponibles para los profesionales” hasta entonces. Esas posibilidades siguen seduciendo, pese a que vivimos tiempos de auténtica sobredosis de imágenes.
Diez años después de mi debut con la Polaroid 600, en 2004, Florian Kaps, un joven austriaco aficionado a la fotografía y que por entonces militaba en las filas de la Lomographic Society (que reúne a los fanáticos de la cámara compacta soviética Lomo, cuyo lema es “no pienses, sólo dispara”), se encontró con una Polaroid Supershooter entre sus manos e hizo su primera fotografía (analógica, claro está) instantánea. Este cóctel de ingredientes tendría por resultado una iniciativa que se recoge en el desdoblado archivo de C-Photo. Es The Unsaleable Trading Company, un conglomerado de tienda online y red social (Polanoid), galería de arte dedicada exclusivamente a estas imágenes (Polanoir) y una revista (Tickl). Todo ello hecho por y para apasionados de la Polaroid. “Durante mi vinculación con la Lomo, todo el mundo estaba alterado con la idea de que las cámaras digitales iban a matar la fotografía tradicional”. Con ese miedo en el cuerpo y su nuevo “flechazo”, empezó a pensar “cómo conectar a personas con ese mismo sentimiento”. Así nacía Polanoid, que empezó siendo un sitio donde subían imágenes hechas con estas cámaras y ha acabado transformada en una activa red social que, como un MySpace de la fotografía instantánea, reúne ya a 12.000 miembros de países de todo el mundo.

La próxima generación

Sorprendentemente, no es la nostalgia lo que une a esos aficionados. “Tenemos un perfil de usuario joven, de entre 20 y 40 años, dedicados en su mayoría a profesiones creativas” Una generación de artistas espontáneos que “llegan a la Polaroid como reacción a la fotografía digital” y no por romanticismo. “Muchos de los miembros han hecho sus primeras fotos con cámaras digitales y huyen de este formato, aburridos por la perfección de este tipo de imágenes”, nos cuenta Kaps desde Viena, “La Polaroid permite manipular físicamente y crear algo realmente artístico. Claro que todo se puede hacer con programas de retoque y filtros, pero la magia de estas fotos reside, en gran medida, en su imprevisibilidad”. La “compañía comercial que no se vende” parece haber encontrado un filón en las urgencias creativas de estos jóvenes y el narcisismo inherente de la llamada web 2.0. Y cada día se suman nuevas instantáneas a las más de 100.000 fotografías de esta plataforma, a menudo respondiendo a “proyectos”; temas monográficos que lanzan los integrantes de Polanoid semanalmente: autorretratos de usuarios recién levantados, bailes, besos o incluso ¡sudor!.
Por cierto que las fotografías ligadas a, digamos, lo corporal y lo erótico son una de las formas esenciales de arte “polaroide”, “Es cierto, era la primera vez que se podían hacer fotografías en la intimidad sin tener que pasar por una indiscreta tienda de revelado”. Así que, mucho antes de que las cámaras digitales hicieran sumamente peligroso buscar un documento en el ordenador de un amigo (¡quién esté libre de pecado que lance el primer píxel!) la Polaroid era la herramienta ideal para documentar los encuentros entre amantes o hacerse pícaros autorretratos. Con esa “historia no oficial” de la marca en mente, el colectivo vienés ha tenido a bien lanzar el proyecto Tickl (de tickle, “cosquillas”), que han bautizado como “el Primer Gabinete Erótico de Arte Pornográfico Polaroid” de la historia, pese a la omnipresencia de piel (u, otra vez, precisamente contra esa invasión) que ha supuesto el advenimiento de lo digital. “Mostramos de manera natural lo erótico, nada que ver con esas imágenes que circulan por la red, donde pneúmaticas rubias pretenden que creamos que se lo pasan bien. Son fotos sensuales y naturales hechas por gente creativa”. El éxito ha sido tal que la web se ha convertido en una revista que, fiel al espíritu del proyecto, no tiene zooms, ni retoques y parece lanzar un saludable grito de ¡viva la imperfección! Una celebración de la espontaneidad que augura una larga vida a estas cámaras y su magia.

escrito por Cristina Díaz a las 6:00 pm  

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