Thursday, October 30, 2008

Un homenaje futurista

Instalación de la artista Sylvie Fleury en el interior del pabellón diseñado por la arquitecta iraquí Zaha Hadid.

Como un platillo volante, repleto de arte, que aterriza cada pocos meses en una gran ciudad, Chanel Mobile Art, el proyecto de Chanel en colaboración con Zaha Hadid, conmemora el medio siglo de uno de sus mayores iconos, el bolso 2.55, con la ayuda de un selecto grupo de creadores actuales.

“La moda no son sólo vestidos. La moda tiene que ver con las ideas, con la manera de vivir, con lo que todo lo que ocurre”. Esta acertada definición, que no podría estar de más actualidad, la pronunció Coco Chanel hace más de ochenta años. Y sin embargo, encaja a la perfección con las ideas que dos reputados creativos de nuestro tiempo, el diseñador Karl Lagerfeld y la arquitecta Zaha Hadid, lanzaban hace unas semanas en Nueva York, en el curso de la presentación de Chanel Mobile Art, un museo itinerante que viaja por diferentes capitales mundiales desde hace un año.

Repleto de obras encargadas a artistas contemporáneos, el pabellón homenajea a uno de los iconos de la marca, el bolso de piel acolchada 2.55. Una exposición que renueva el vínculo de la mítica casa parisina con el arte de su tiempo, asegurándole un vertiginoso futuro.

La presencia de Coco

El proyecto de Mobile Art pese a que respira modernidad por los cuatro costados (es un decir, dados los sinuosos perfiles de la arquitectura de Hadid), se ha planteado teniendo en cuenta la historia de la firma y la personalidad de la que fuera su creadora: Coco. Mademoiselle Chanel vivió conectada a su tiempo, rodeada de los artistas más vanguardistas y rompedores del momento. Amiga del arquitecto Josep Maria Sert, alternó con los surrealistas que conquistaban París al mismo tiempo que su moda, trabajó junto a Picasso y Jean Cocteau y conoció y vistió a estrellas de cine, como Gloria Swanson o Greta Garbo.
De ese “vivir su tiempo” y entender la moda como espacio de libertad creativa que va más allá de “hacer vestidos”, es continuador Karl Lagerfeld (a su vez fotógrafo y editor de libros de fotografía) que, en los últimos años, ha recuperado el espíritu inquieto de Gabrielle Chanel para la marca, promoviendo este tipo de colaboraciones, en las nuevas boutiques (en la parisina Place Vendôme o en Hong Kong, donde los homenajes de artistas contemporáneos a los símbolos de la firma ocupan un espacio privilegiado) y ahora, ideando el proyecto Chanel Mobile Art.

Marcada por la diversidad

La firma y su andadura siempre a caballo entre la moda y el arte están presentes a lo largo de todo el proyecto. Así nos lo contó en la Gran Manzana el comisario del proyecto, Fabrice Bousteau. “El criterio de selección ha sido muy sencillo, me dijeron ‘queremos a los mejores’”, dice entre risas mientras sorbe el enésimo café en esta intensa mañana de entrevistas. “En realidad” y ahora se pone serio, “escogí a artistas de procedencias diversas como Japón, India, China, etc. para transmitir la idea global de la marca, pero también de un proyecto que va a viajar por todo el mundo. Fue un ejercicio bastante arriesgado, porque cuando Mobile Art se puso en marcha, los artistas indios y chinos, por ejemplo, no tenían la presencia internacional que ahora tienen. También de diferentes edades y generaciones. Nos inspiramos en la propia Coco. Fue famosísima en su juventud, en los años 20. Pero cuando nadie contaba con ella, cuando la daban por acabada ya con 70 años, creó el 2.55. haciendo otra revolución en el mundo de la moda. Así que los artistas van desde los veintipocos a otros consagrados que llevan décadas trabajando, como Sophie Calle o Yoko Ono.”

Tradición y contemporaneidad

“Se invitó a los artistas a la manufacture, pero también a visitar el apartamento de Coco Chanel en la Rue Cambon. Y luego les pedíamos que cruzaran en cierta manera sus inquietudes como artistas con los valores de la firma. Algunos introdujeron elementos propios de la casa, como la cadena, el acolchado, etc, en su obra. Otros elaboraron piezas con ideas más abstractas”, relata esta vez Bruno Pavlovsky, presidente de la mítica casa parisina. Chanel Mobile Art resuelve “una asignatura pendiente de Chanel”, según este profesional, “rendir homenaje a este bolso” que, aun siendo uno de los símbolos de la casa nunca había sido objeto de una acción como esta, “habíamos hecho muchas cosas por la moda”, continúa Pavlovsky, “pero nunca sobre este objeto, convertido en icono, con una imagen muy poderosa y característica”. Más allá de hacer colaboraciones como otras marcas, que se transforman en productos, la firma de la camelia ha creado un gran regalo (de magnífico envoltorio) para espectadores de seis grandes capitales del mundo. Sí, cualquiera puede adentrarse en este refinado universo de manera gratuita (eso sí, pidiendo las entradas por Internet y, a juzgar por la gente que esperaba pacientemente en Central Park, haciendo cola un rato). “Para nosotros era importante trasmitir a la audiencia el sentimiento, los valores de este legendario objeto. Esta exposición, por sus características” refiriéndose al carácter itinerante “es única. No hay ningún proyecto parecido en la historia reciente de la moda”, cuenta Pavlovsky como un padre orgulloso.
Aunque las obras en el interior del pabellón no sólo están unidas por rendir homenaje al conocido complemento. La exposición está concebida como una experiencia única, donde el espectador es dirigido no sólo por las fluidas formas de la arquitectura de Zaha Hadid, también porque Mobile Art es “una película” de poco más de 30 minutos, de acuerdo con el comisario. A la entrada del pabellón, el espectador recibe un reproductor MP3 donde escucha la aspera pero sensual voz de la gran Jeanne Moureau que nos guía a través de las obras. Amiga de la casa desde hace décadas (es más que común ver a la que fuera musa de François Truffaut o Louis Malle lucir vestidos y complementos de la firma parisina en festivales y galas), la actriz ha escrito ella misma los textos, cargados de sentimiento y que, nos sirven como guía de lujo (además de ponernos banda sonora) a la visita. “No es un museo o una exposición colectiva, donde diferentes artistas crean una obra que puede leerse de manera independiente. Todas las propuestas están conectadas entre sí y vinculadas al espacio. Han tenido que colaborar entre ellos y trabajar con una arquitecta. No una arquitecta cualquiera, una de las mejores de la actualidad y con una personalidad muy fuerte. Y mezclar esto con la música, los textos. No es algo que los creadores hagan normalmente”, concluye Fabrice Bousteau.

Libertad e inspiración

Pese a esas complicaciones, los artistas se muestran más que encantandos con el resultado final y hablan de la libertad que han tenido en todo momento. Eso sí, el espacio creado por Hadid así como la idea de que cada obra es una aportación a una única experiencia, han supuesto un reto para la mayoría de ellos. El artista Michael Lin tuvo que adaptar su trabajo a “un espacio sin ángulos de 90º ni paredes rectas” algo que complicó notablemente su mosaico hecho laboriosamente a mano. “Es difícil concebir una instalación de estas características cuando los lugares que habitamos están concebidos como cajas”, contaba el creador. No es la primera vez que Lin se acerca al mundo de la moda, ya que su trabajo, grandes lienzos e instalaciones floreadas, imita los estampados de los tejidos tradicionales de su país.
No tanto la moda, pero sí la capacidad de transformación de la ropa, como segunda piel, es uno de los elementos que siempre ha interesado a Lee Bul, también presente en la espectacular exposición. La artista coreana confiesa que se sintió fascinada al visitar el apartamento de Coco Chanel. “Especialmente la escalera que estaba recubierta de espejos” que permitían a Mademoiselle “ver a las visitas sin ser vista. Me interesó esa idea, esa capacidad de mostrar y ocultar que formaba parte de su personalidad”. La legendaria calle parisina centra la pieza del argentino Leandro Erlich (que en las próximas semanas presenta sendas exposiciones en el Museo Reina Sofía, Madrid, y en la galería Nogueras Blanchard, Barcelona), que confiesa haber tenido la misma sensación que “un actor durante un rodaje” a lo largo de la preparación del proyecto, “que no sabe de qué va la película hasta que la ve proyectada”, comenta. “Tanto el pabellón como las obras se iban desarrollando de forma paralela, así que el montaje se iba decidiendo a cada momento. Realmente, hasta que no estás aquí no tienes una visión global del proyecto”.

Dentro y fuera del pabellón

Cuando Mobile Art aterriza en una ciudad, la firma se vuelca en este evento. Las boutiques muestran el proceso de montaje y, en algunos casos, incluso se convierten en extensiones de la exposición. En el caso de Nueva York, la tienda Chanel del SoHo acoge la instalación del japonés Soju Tao, que toma literalmente las refinadas boutiques para reconvertirlas en tienda de baratijas de su propia empresa, Okame Pro. “La intención era comparar una empresa muy grande, Chanel, y con muchos recursos con una pequeña como la nuestra. Aquí todo el mundo es muy profesional y nosotros somos completamente amateurs. Esperamos convertirnos en una empresa igual de famosa algún día”, cuenta entre risas junto a Nagisa Hayashida y Mai Tanaka, dos jóvenes que han colaborado en el proyecto.

La arquitecta del siglo XXI

Aunque la niña de los ojos de Karl Lagerfeld parece ser el pabellón per se, independientemente de su cuidado contenido. El kaiser de la moda parece haber delegado al comisario la exposición, emocionado con la idea de un edificio que se monta, se desmantela y se vuelve a erigir a kilómetros de distancia. “Es una idea revolucionaria. Ninguna construcción prefabricada se había concebido para tener múltiples ubicaciones”, dice orgulloso Lagerfeld en el marco de la rueda de prensa de Mobile Art en su parada en Nueva York. El diseñador alemán y Zaha Hadid, que repetían esta presentación por tercera vez, mantienen una charla animada, salpicada de bromas y elogios. Algo a medio camino entre un sofisticado dúo cómico y una pareja de enamorados.
“O lo hacíamos con Zaha o no participaba en el proyecto”, así de tajante se mostró Lagerfeld cuando Chanel le pidió la preparación de un evento que conmemorara el medio siglo del célebro bolsito acolchado. Eso sí, el interés del diseñador por la arquitecta es anterior. A estas alturas, por todos es sabido como se conocieron en el lobby de un hotel presentado por un amigo común. Aunque en esta rueda de prensa, Lagerfeld se confiesa con cierta picardía, “no fue casual, fui al hotel porque me avisaron que estarías allí y quería conocerte”. Poco después, la arquitecta iraquí recibiría la llamada de Chanel para poner en marcha Mobile Art.
“Pensé que el proyecto se centraría en la idea de reconstruir algo en cada ciudad. En lugar de pensar proyectos individuales para cada etapa del tour, pensar algo que se montara y desmontara, que viajara por todo el mundo”. Así es como meses después, Hadid dio con la forma del pabellón: una estructura curvilínea donde las formas van dirigiendo los movimientos de sus ocupantes hasta llegar a una pequeña sala circular, con una claraboya donde Jeanne Moureau nos deja libres y salimos, mágicamente, por el mismo acceso por el que hemos entrado media hora antes. Todo ello realizado con paneles que, desmontados, se trasportan en barco en 51 contenedores a la espera de la siguiente etapa de esta lujosa gira.

El arte de vivir hoy

La admiración que se profesan ambos profesionales parece que es mútua, como también lo es el intercambio entre disciplinas. “Siempre he tenido en cuenta la idea de elegancia y sex-appeal que forman parte del lenguaje de la moda. Me interesa además como los diseñadores eran capaces de captar y representar el estado emocional de un determinado momento de la historia” explica Hadid respecto a la intersección entre arte y moda que ocupa este proyecto “Lo cierto es que siempre he pensado que las ideas pueden aplicarse en cualquier disciplina”, explica tras una breve reflexión. “y, por supuesto, la movilidad y temporalidad del pabellón ha sido también un incentivo” y pasa a ilustrar estas cualidades con una anécdota: “He visto a Karl llegar a Nueva York, con todo su equipaje. Viaja con cinco personas, sus libros y demás. Siempre me produce mucha envidia”. El kaiser la interrumpe “Para mí es uno debe sentirse como en casa en cualquier lugar, por eso viajo con todo lo necesario para poder trabajar allí donde estoy. Para mí, ese es el arte de vivir en estos tiempos”. De nuevo, Chanel recoge esa esencia y, con la ayuda de los artistas del momento, la pone a nuestra disposición en forma de pieza exquisita. Próxima parada: Londres.

escrito por Cristina Díaz a las 3:43 pm  

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