Tuesday, November 25, 2008

Erlich, el ilusionista

Trampantojo en tres dimensiones, la instalación “La pileta” es una de las piezas más célebres del artista argentino Leandro Erlich.

Las instalaciones de Leandro Erlich juegan a desafiar los sentidos del espectador. Una gran torre en el Reina Sofía (Madrid) y una muestra de maquetas de proyectos anteriores en Barcelona, dan la oportunidad al público español de conocer los geniales trampantojos de este artista.

No nos engañemos (o quizá deberíamos decir “¡engañémonos!”), pero lo real es un concepto en crisis desde hace unos años. Los falsos documentales, las imágenes retocadas o simuladas, los bulos que pasan por noticias veraces son algunos de los ejemplos de la larga lista de medias verdades (o auténticas mentiras) que circulan por esa cosa que llamamos realidad, salpicando a ese otro mundo no menos ilusorio llamado arte..

Los trampantojos y las ilusiones ópticas, que nacen en el Barroco, han tomado nuevos bríos gracias en parte al uso de las tecnologías. Maestro en retar la vista del espectador y hacerle cuestionar las leyes más elementales de la percepción (¡incluso de la física!), Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) lleva quince años valiéndose de escenografías para confundir al público en instalaciones de aire “escheranio”: una piscina bajo cuyas aguas hay gente que nos observa (“La pileta”, 1999), una ventana o un charco que, como en “La ventana indiscreta” nos muestra pequeños relatos de un edicio o calle inexistente (“The View”, 1997 – 2005 y “La plaza”, 2005), la incierta imposibilidad de caminar o tumbarse sobre las aguas (“Eau molle”, 2003) o sobre la fachada de un edificio (“Bâtiment”, 2004 y “Tsumari House”, 2006), cual Fred Astaire. Trampas visuales, trucos ópticos como de otra época, donde el creador se vale de espejos y alteraciones de la perspectiva para provocar dudas (y en ocasiones mareos) en el espectador que debe descubrir qué tiene ante sus ojos. En definitiva, las apariencias siempre engañan.

Proyectos grandes y pequeños

Erlich presenta ahora dos exposiciones simultáneas en nuestro país. Por un lado, la galería barcelonesa Nogueras Blanchard acoge “Pequeños modelos de grandes proyectos” donde, por primera vez, este artista de la ilusión desvela sus trucos. La exposición, que tiene cierto encanto de otro tiempo, de museo de autómatas, muestra las maquetas de algunas de sus obras más conocidas, descubriéndonos los mecanismos con los que altera la realidad y, a diferencia de su formato habitual de trabajo (la instalación donde nos adentramos), nos invita a contemplar. El próximo martes inaugura “La Torre” una construcción de séis pisos de altura en la plaza de la Ampliación del Reina Sofía donde el espectador mirará y será visto desafiando, de paso, a las leyes de la gravedad.
En uno y otro caso encontramos obras donde este argentino tranquilo y de hablar pausado juega a crear entornos para el público. “Mis obras tienen algo de puesta en escena, donde el espectador es también actor, participa en ellas guiado por el reconocimiento de un espacio que le resulta familiar”, nos explica el artista. No es raro que encontrara en estas construcciones su medio de expresión si tenemos en cuenta que proviene de una familia de arquitectos. “He crecido en esta disciplina, aunque mi interés no está en el diseño ni en su sentido funcional sino en la comprensión del espacio cotidiano como una suerte de escenario donde transcurren nuestras vivencias”.

Redefinir la realidad

Y son, precisamente, estos lugares anodinos, del día a día (los ascensores, las escaleras, los interiores domésticos) los que reconstruye en sus obras. “No existe un lugar mejor para cuestionar la realidad de justamente en lo cotidiano. En aquello que no despierta mayores reflexiones. Allí, la realidad, se siente muy sólida y concreta”. En esa realidad tan real, valga la redundancia, mediante mecanismos ópticos, Erlich demuestra que no conviene confiar siempre en nuestros sentidos y, en extensión, que conviene pensar que lo que consideramos real puede tener, como estas habitaciones del artista, varios niveles de profundidad, unos con más verdad que otros. Un discurso que goza de excelente salud en la actualidad. “Cuestionar nuestras certezas en busca de conocimiento”, continúa el artista, “es parte de la incesante búsqueda de la verdad propia del hombre racional y se viene haciendo desde el origen del mundo. Es posible, que en las últimas décadas con el desarrollo de la inteligencia artificial, los avances tecnológicos y el poder mediático, nuestra realidad precise un nuevo entendimiento o al menos, la necesidad de redefinir sus parámetros”.

Empatía y gente volando

Pero mientras en la mayoría de las propuestas son esos medios tecnológicos, opta por otros ópticos que le hace casi un artesano de la ilusión, un mago que además nos desvela sus secretos en la exposición de la Galería Nogueras Blanchard. “Me interesa la ilusión como detonador de una experiencia que plantea una situación, una historia, una ficción. No por sí misma. El truco no está pensado para engañar, sino para ser descubierto y, de esta forma, provocar empatía” Aunque la idea de mostrar las maquetas es reciente, tras compartir galería en Londres con los conceptuales Illia y Emilia Kabacov. “Estos artistas presentaron un gran número de maquetas que me resultaron bellísimas y me hicieron ver el potencial de las mías”, que hasta el momento servían de bocetos de las instalaciones, que le permiten “estudiar los proyectos de gran escala, donde uno debe reducir al mínimo el margen de error”. Tras ver las de los Kabakov “me di cuenta de que las maquetas que yo realizo son bellas e interesantes y se pueden entender como pequeñas esculturas”.
Entre estas esculturas tan bonitas como funcionales encontramos la de “La torre”, la gran instalación que presenta el próximo martes en el Reina Sofía donde, como el resto de sus piezas, la participación del espectador es fundamental. “La partipación del público está ligada a la génesis misma de la obra. No hay proyecto que no contemple el lugar que el espectador tendrá en él. Aun si la acción se trata de la mas pasiva contemplación”. En la instalación madrileña, como en “La pileta”, el espectador será a su vez observado. “La torre” es una fabulosa construcción de 11 metros de altura que simula un edificio de apartamentos. “Aunque es en realidad un periscopio gigante. Dentro un corredor de seis puertas se extiende de forma imposible frente a nuestros ojos y dentro de él se podrá ver gente flotando en el aire ¿No se lo creen? ¡Pues vayan al museo!”

Más información:

“Pequeños modelos de grandes proyectos” Galería Nogueras Blanchard (Barcelona). Hasta el 17 de enero.
www.noguerasblanchard.com
“La torre” Museo Reina Sofía (Madrid). Del 26 de noviembre al 23 de febrero.
www.museoreinasofia.com
Sobre Leandro Erlich
www.leandroerlich.com.ar

escrito por Cristina Díaz a las 8:01 pm  

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