Monday, November 19, 2007

Ararat: la vida a los pies de un símbolo

El cineasta armenio Don Askarian ha estrenado en el festival L’Alternativa su última película. En “Ararat: Fourteen views”, el director presenta una visión realista y nada ensimismada del famoso monte, símbolo de la tragedia de su pueblo.

Según el Antiguo Testamento, el Monte Ararat es donde se posó el Arca de Noé durante el diluvio universal. Un icono del cristianismo que es también un símbolo de lucha del único país que profesa esa religión en la zona: Armenia. Y sin embargo, la montaña más importante para esta cultura está en Turquía. Eso la ha convertido en una suerte de fetiche para los creadores armenios que, desde cualquier disciplina, la representan de manera idealizada. Pero alrededor de esta montaña “sagrada” la vida, simplemente, continúa.
Mostrar una imagen más realista del pequeño país sin mar, más cerca de la tierra que del famoso pico, es uno de los objetivos del director de origen armenio Don Askarian en “Ararat: Fourteen views”, largometraje que ayer se estrenó con motivo del festival L’Alternativa y que podrá verse de nuevo el próximo sábado en los cines Maldá. Viejo conocido del certamen barcelonés, fue objeto de una retrospectiva en 2004 y ha elegido esta edición para mostrar su última producción en nuestro país. Con más de tres décadas de trayectoria creativa, ha dirigido tanto largometrajes de ficción, ensayos de corte boigráfico y documentales premiados en los festivales más prestigiosos de todo el mundo.

Fronteras artificiales

Cineasta inclasificable, ha vivido en sus carnes su particular “diáspora”. Nacido en la desaparecida República Socialista Soviética de Azerbaiyán (en un territorio que vuelve a ser parte de Armenia), viajó a Moscú y tras pasar por la prisión, se exilió a la entonces parte oeste Berlín, donde pudo iniciar su carrera cinematográfica que, inevitablemente, tiene mucho de meditación sobre su país de origen. Parece pues que su periplo viene marcado por unas fronteras de quita y pon que han marcado su forma de vivir el sentimiento de pertenencia de este pueblo: “La verdad es que antes me preocupaba mucho ser armenio, pero ese sentimiento cada vez es menor. Con el paso de los años uno se da cuenta de que no elige donde nace pero sí puede elegir qué hace con su vida. En definitiva, quizás no es tan importante el quién eres sino el cómo eres. Sólo que en nuestro caso, diríamos ‘qué tipo de armenio eres’”, reflexiona entre carcajadas.

Mezcla de géneros

Quizá esa ambigüedad sea la que ha marcado su más reciente película. En “Ararat: Fourteen views”, el director trata de hacer acercarse a su país de una forma más humana y realista: “Con mi cine siempre trato de entender cómo viven mis compatriotas, de acercarme de nuevo a mi país. En este caso, intento saber cómo vive la gente su relación con la montaña, qué sienten en su día a día”. El resultado es una película que huye de cualquier etiqueta, una mezcla de formatos donde la mirada documental se mezcla con una visión sui generis del cine de género y con fotogramas compuestos como si de pinturas se trataran. En ella, los personajes sostienen una fina trama, narradas en episodios que sirve de vehículo para dar diferentes visiones, más que sobre el monte, sobre la vida en la Armenia actual.
Y es que el acercamiento de Askarian al cine tiene mucho de documental: “No planifico el rodaje, no hago un storyboard sino que voy improvisando en cada momento. Según la localización, la luz, el trabajo con los actores… según diferentes condicionantes me planteo qué es lo más adecuado para la película”. También el trabajo con los actores, algunos de ellos no profesionales, es particular. “Improvisamos mucho y les doy libertad para que construyan los personajes. No me interesan las fórmulas clásicas de actuación”.

Valor moral

Con estos ingredientes ha construido una poética película destinada a acabar con los estereotipos de su cultura. “La gente en mi película simplemente hace su vida, tiene el Ararat de fondo pero no anda todo el día ensimismado contemplándolo como ‘gran símbolo’ de nuestra cultura”. A pesar de eso, su película acaba con todos los personajes a los pies del monte sagrado. “Actúa como una especie de modulador moral entre los personajes. Y, muy probablemente, este sea el papel que cumple para todos los armenios. Aunque tampoco me interesa dar claves ideológicas. La única verdad que me interesa es la cinematográfica, no la propaganda asociada a la montaña, sea del signo que sea”

escrito por Cristina Díaz a las 8:07 pm  

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