Thursday, October 9, 2008

Objetos con conciencia

El poético calendario “auto-impreso” del diseñador Óscar Díaz es uno de los proyectos presentados en la gran exposición “Nowhere/Now/Here” del Centro de arte LABoral.

Las nuevas líneas de investigación en el diseño industrial se dan cita en “Nowhere/Now/Here”. La exposición, comisariada por El Último Grito, se inaugura hoy en el Centro de Arte LABoral (Gijón).

Los tiempos de los diseñadores estrella, que desarrollaban productos y piezas de mobiliarios con el objetivo de servir a la industria y vender (cuánto más, mejor) han quedado atrás para dar paso a una creación con vocación experimental, social y respetuosa con el medio ambiente. En un mundo marcado por las desigualdades económicas, la crisis ecológica y el hiperconsumo, los creadores más jóvenes parecen cuestionarse si tiene sentido lanzar otro modelo de silla al atiborrado mercado.

Herramientas de acción

Esta y otras preguntas de difícil respuesta parecen planear sobre los objetos y proyectos reunidos en la exposición “Nowhere/Now/Here”, que se inaugura esta tarde en LABoral (Gijón). Comisariada por El Último Grito, estudio formado por Rosario Hurtado y Roberto Feo, que ejercen entre Londres y Berlín, la muestra sigue la estela de la multitudinaria Design and the Elastic Mind (celebrada la pasada primavera en el MoMA de Nueva York) presentando propuestas que, eludiendo los imperativos comerciales propios del sector, lanzan ideas sobre nuestra relación con el espacio y los objetos, promover discursos alternativos o, directamente, acciones directas que inciden en problemas sociales.
“La exposición hace hincapié en objetos y proyectos que se plantean fuera de la industria, ya porque es un diseño en fase de desarrollo o porque son profesionales o artistas que desdeñan la producción masiva como área de trabajo”, nos cuentan los comisarios en un largo correo electrónico durante el montaje de la muestra. De hecho, su propia andadura tiene mucho que ver con esa actitud. El Último Grito se puso en marcha en la segunda mitad de los años 90 en un Londres atacado por la crisis económica y con una renqueante industria. “A los jóvenes diseñadores nos tocó ser a la vez fabricantes y distribuidores, así que no había que someterse a la imposición de lo comercial y se abrieron muchas puertas a la imaginación, creando productos frescos y personales. Ahora tenemos un fenómeno similar, con diseñadores que crean pequeñas colecciones o piezas únicas amparados en el interés de nuevos espacios en mostrar y distribuir ese trabajo”.

Funcionalidad es poco

Parece que el binomio forma y función que sirvió de paradigma durante décadas ha quedado obsoleto. Eso sí, los ejemplos de creativos que, desde los márgenes, han luchado por introducir variables más comprometidas y críticas desfilarán también por el centro asturiano, como Daniel Weil, Gaetano Pesce, Ron Arad y Javier Mariscal. “Estos creativos cuestionaron la cultura alrededor del diseño y abrieron el camino para un cambio de actitud que ahora estamos viendo en los nuevos profesionales”. Este cambio en la forma de entender la disciplina implican olvidarse de la idea de producto (producido seriadamente y dirigido a un mercado) e ir más allá. “Se cuestiona porque los objetos acaban dictándonos cómo vivir pero también sirve para poner en duda la noción de oferta y demanda. Los intereses de los diseñadores ahora están en el ámbito político o en la influencia que ciertas tecnologías tienen y tendrán en nuestras vidas”.
Se siguen produciendo “sillas o exprimidores de naranjas”, por supuesto, pero las reglas han cambiado: se ha ampliado el mercado (con la aparición de galerías de diseño y tecnologías asequibles que favorecen el desarrollo y venta de pequeñas producciones o incluso piezas exclusivas) y las posibilidades de comunicación (los medios dedican más y más espacio a la disciplina además de surgir en la red blogs consagrados a todas las maneras de entender el diseño posibles).

Nuevos materiales y usos

De ese nuevo panorama, sacan partido creadores como Gretchen van Helmond, que realiza joyas de azúcar cristalizado o Manuel Torres, un diseñador de moda que ha creado “su propia industria” al desarrollar el tejido en spray. La voluntad de experimentar con materiales, dados los avances científicos pero también como respuesta a la alarma medioambiental, con casos como los mencionados, es una de las grandes líneas que vertebran la exposición. La forma como “se vive” el objeto y el puesta en duda de lo cotidiano “aparece de la mano de creativos como Eelko Moorer y su nuevo concepto de espacio donde todo está suspendido en el techo” mientras que Fulguro & Thomas Jomini se ocupan de “la preocupación ecológica”, planteando “un nuevo sistema doméstico que nos permita ahorrar agua”. Por su parte, el cubano Ernesto Oroza con su estudio sobre el diseño de supervivencia demuestra que en su país “el reciclaje no es parte de una agenda política sino fruto de la necesidad”.
La “desobediencia civil y la resistencia cultural” es otra de las pautas de selección que han tenido en cuenta los comisarios. Estas nociones, “sean como alternativas a las formas de trabajo tradicional del diseño o definiciones de la misma disciplina”, aparecen también en la muestra. En este sentido, destacan proyectos que, directamente, se enfrentan a “los excesos del consumo” como Shop the planet, de los artistas visuales Zaunka.
La relación personal con el producto es otra de las grandes corrientes que recoge Nowhere/Now/Here. El usuario puede determinar la forma y el uso final del objeto en numerosos proyectos presentes en la exposición. El español afincado en Holanda y algo así como nueva estrella indie de la disciplina, Nacho Carbonell presenta Pump it up, un gran puff con unas formas animales conectadas. “La narrativa es el hilo conductor de su experimentación de materiales, en este caso, el peso de la persona que se sienta determina la aparición de las mascotas”. Mientras que en Four seater empty chair, Martino Gamper, otro valor al alza en el panorama internacional presenta una silla “en negativo”, donde el vacío hace las veces de asiento y cuya inédita forma plantea ilimitadas maneras de sentarse.

Rediseñar la realidad

Por otra parte, la posibilidad de una producción industrial más justas y menos agresivas también se contempla mediante la inclusión de la más reciente creación del holandés Tord Boontje que “reinventa con su línea Witches Kitchen los utensilios de cocina a través de la colaboración con artesanos sudamericanos, capaces de recuperar estas técnicas de producción (antes marginadas en la producción los souvenirs) e incorporarlas a nuestra cultura contemporánea”, explican los responsables de la exposición, además de revitalizar la economía de esa comunidad.
Sorprende la inclusión de dos proyectos nacionales que, sin ser estrictamente diseño, si que apelan a la intervención urbana y la integración social. Por una parte, encontramos dos de las Recetas urbanas del arquitecto sevillano Santiago Cirugeda. “Su trabajo pasa por la redefinición de las reglas del juego, a partir de las lagunas legales que permiten ‘liberar’ a los ciudadanos y hacerles dueños de sus propios espacios y su propia ciudad”, continúan los comisarios. Por su parte, el proyecto Telemadres del colectivo mmmm… “materializa un nuevo modelo de interacción social, organizando un sistema que pone en contacto a personas que quieren disfrutar de comida casera y ‘madres’ desempleadas”. Por su parte, Dash MacDonald en la instalación “Imagine being a world leader” (Imagina que eres un líder mundial) pone a disposición del público más joven, niños de 8 y 9 años, un podio, micrófonos y, en general, toda la parafernalia que rodea a los discursos políticos para que, debidamente aconsejados, hablen de los temas que más les preocupan. Estas piezas son claros ejemplos de los nuevos caminos que está tomando la disciplina. “La concepción ahora es más global, no podemos evitar ver el diseño como una materialización del pensamiento”, sea cual sea la forma final que éste adquiera: “una mesa, un edificio, un discurso o un guiso”.

escrito por Cristina Díaz a las 2:26 pm  

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