Thursday, January 1, 2009

Carbonizando convenciones

Una pieza de la Smoke collection, la serie de muebles “chamuscados” del enfant terrible del diseño de producto, el holandés Maarten Baas.

Maarten Baas (Arnsberg, 1978) ha demostrado en numerosas ocasiones, y con acciones espectaculares, su talento precoz. Cuando cursaba su primer año en la Design Academy de Eindhoven (Holanda) realizó el candelabro “Knuckle” que entró en producción gracias a la firma Pol’s Potten. Su proyecto final de carrera, “Smoke”, una serie de piezas de clásicos del diseño (Eames, Gaudí, Mackintosh, pero también sencillas sillas de IKEA) quemados y cubiertos de resina epoxi para frenar su deterioro, no sólo le procuró la licenciatura, sino prestigio instantáneo y una merecida fama de provocador.

La firma Moooi distribuye esta línea de muebles chamuscados del joven holandés, mientras que los de mayor pedigrí pueden verse en el lujoso hotel Gramercy de Nueva York. Recientemente, su objetivo de romper con las convenciones del diseño le han acercado a la escultura. En su serie “Clay” experimenta con arcilla sintética en pequeñas series de apenas una decena de piezas que se venden en galerías con su firma estampada. El reciclaje, uso de materiales innovadores, el secretismo de su proceso de trabajo y, sobretodo, la firme convicción de dinamitar las reglas de la disciplina lo han convertido en un niño mimado de galerías, coleccionistas y medios de comunicación. Maarten Baas vive y trabaja en la ciudad holandesa de Eindhoven. Hablamos con él con motivo de su exposición en la galería barcelonesa Room Service, que muestra hasta el próximo mes de marzo algunas de sus piezas.

Su éxito ha sido fulgurante. Produjo su primera pieza en su primer curso de diseño, su proyecto de graduación, “Smoke”, producido y distribuido por Moooi, exposiciones en museos. Sin embargo, confesó una vez que era un estudiante mediocre y que le costó sacarse la carrera. Seguramente ya habrá superado esa idea…
La mediocridad de la que hablaba no se encontraba tanto en mí o mi trabajo como en los resultados. Eso no era una idea, era un hecho comprobable. De hecho, estaba por debajo de la media. Pero creo que mi forma de pensar era muy distinta a la de mis compañeros de estudios. Quería hacer algo diferente. Y, de hecho, creo que el éxito que tengo ahora me reafirma en esa idea, mientras que en mi época en la academia, los profesores se oponían a esas otras formas de entender el diseño.
Hablando de “Smoke”, ¿había un intención crítica con el “establishment” de la profesión?
En absoluto. No veo esa acción de quemar los clásicos del diseño en términos de manifiesto ni nada parecido. Simplemente, era la forma de expresarme en aquel momento a través de piezas muy conocidas.
Ahora está presentando en Barcelona “Clay”, una serie realizada en arcilla sintética. ¿Cómo fue el “descubrimiento” de este material?
En 2006 pude ir al Salone del Mobile de Milán, tenía un espacio muy bueno pero no había tiempo material para preparar la exposición debidamente. De manera intuitiva empecé a realizar estas piezas de mobiliario con una arcilla sintética que había por mi estudio. Las formas simplemente fueron surgiendo según trabajaba en las piezas. No las “diseñé” antes de empezar a hacerlas. Esto da mucha libertad. Y todavía me gusta disfrutar de esa sensación cuando trabajo. Ya no pienso en arquetipos, prefiero pensar en formas libres. Todo eso está presente en la exposición en Roomservice.
Otra noción que parece presente en su obra es la idea del “ensamblaje” como en “Hey, chair, be a bookshelf” y en la serie “Treasure”. Como en los muebles quemados, ¿quiere trasmitir la idea de que las cosas no tienen que ser bonitas, nuevas y ni siquiera cumplir la función para la que se diseñaron?
Cuando hago algo no pienso necesariamente en “trasmitir ideas”. Sólo siento un deseo interior de hacer algo de determinada manera y así lo hago. Aunque estoy del todo de acuerdo de que las cosas no tienen que ser perfectamente nuevas y cumplir una función para la que se han diseñado y esa sí que es una noción general que me acompaña y que se puede ver en todo mi trabajo, no sólo en esos ejemplos que pones.
Hay un nuevo cuerpo de obra, presentado durante la última edición de la feria de arte Frieze Art en la galeria de Established and Sons, donde muestras una estética totalmente distinta. En mi opinión, me recuerda en ocasiones al aspecto del graffiti y los muñecos de vinilo. ¿Qué puedes decir de esa nueva colección?
Dices que te recuerda a esa estética y otros, en cambio, hacen asociaciones completamente diferentes. Y eso es algo que me encanta y, de hecho, lo que andaba buscando. Es una colección de fantasía. Es sobre la cuestión de porqué tan a menudo acabamos buscando y apoyándonos en formas completamente establecidas. Hay infinitas formas posibles pero usamos el mismo estándar desde hace siglos. Las mesas tienen cuatro patas, igual que las sillas, siempre son simétricas y un largo etcétera de fórmulas que se repiten. También se trata de una reflexión sobre qué se considera bonito y que no lo es. Es decir, si un objeto no se parece a algo que ya conoces, ¿puedes tener una opinión al respecto? Con esa idea trabajé de manera muy intuitiva, basándome en pequeños bocetos.
Eres representante de una importante tendencia en diseño que parte de tu generación sigue. Me refiero a la trabajar en los márgenes de la industria, desarrollando una obra más cercana a la artesanía, que se distribuye en galerías, etc.
No me gusta nada asociar mi obra con la palabra “tendencia”, fundamentalmente porque intento hacer cosas que duren más que una tendencia. No sé el porqué de este fenómeno y trato de no pensar nunca en esos términos (como objetivos, tendencias, target, etc). Simplemente trato de hacer lo que siento que tengo que hacer. Para mí no es más que una coincidencia que mis proyectos hayan acabado en este mercado.

escrito por Cristina Díaz a las 5:16 pm  

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