Saturday, July 25, 2009

Guta Moura: La creatividad como motor

Guta Moura, una de las mayores expertas en diseño industrial en Europa, fotografiada en el Hotel Barceló Raval por Lucía Carretero.

Comisaria y experta en diseño de producto, la portuguesa Guta Moura se prepara para el décimo aniversario de ExperimentaDesign, la bienal dedicada a la arquitectura, el diseño y la creatividad que inaugura en Lisboa en pocas semanas una edición marcada por los abruptos cambios que se están produciendo en el sector.

En Portugal los medios la apodaron, con indisimulado retintín misógino, como a senhora design. La broma, que todavía le hace sonreír, nos da una idea de la importancia de Guta Moura en el desarrollo del sector en el país vecino. Y es que se podría decirse que introdujo la cultura de diseño a la vez que puso en el mapa internacional la incipiente creatividad portuguesa.
En 1999 creó ExperimentaDesign, un evento bienal con sede en Lisboa, que el pasado año se desdoblaría con una edición en Amsterdam, con el objetivo a corto plazo de reunir en la capital lusa a profesionales y expertos para reflexionar sobre el presente y el futuro de la disciplina en su vertiente más especulativa. Pero su implicación con este sector va más allá de esta esquina de Europa que compartimos. Guta Moura forma parte de algunos de los eventos, premios y publicaciones vinculados a la disciplina: forma parte de varios comités y think tanks sobre diseño de producto, incluido el panel internacional que hizo de Turín la capital mundial del diseño en 2008. Este currículo nos da una idea de la infatigable labor de la comisaria y su agudo ojo para detectar qué está pasando en una industria que no puede obviar la crisis económica y ecológica de nuestros días y los cambios sociales que llegan de la mano de las tecnologías.

Creatividad local, evento global

En un país sin tradición ni industria en este ámbito, en lugar de apostar por una feria comercial al uso (como las que se celebran anualmente en Milán o Londres, por mencionar dos de referencia del sector), Moura ha apostado desde el principio por un formato procedente del arte, con todo lo que ello conlleva. En definitiva, más experimentación creativa con exposiciones temáticas y proyectos innovadores (que en muchas ocasiones no llegan a producirse industrialmente) pasando por alto marcas, cifras y ventas. “La bienal tiene un punto de vista cimentado en la cultura. Nuestro interés por la disciplina parte de una necesidad de pensar el diseño como actividad cultural, no sólo económica. Sólo mostramos proyectos nuevos, creados de manera específica para la ExperimentaDesign y tenemos una acentuada vertiente de experimentación, debate e intercambio de ideas”. Sin caer, eso sí, en el elistimo: “es un evento democrático que quiere llevar el diseño a todos los públicos: hablar con el especialista, los profesionales y académicos pero también con toda la gente que todavía no sabe sobre diseño pero quiere aprender. Tiene una dimensión de celebración y de interacción con las personas y los contextos donde opera muy expresiva y abierta”.

Cambio de época

Nos aprovechamos de esta vocación divulgativa de Guta Moura para sondearle sobre la situación del diseño. Como ha sucedido en el resto de sectores económicos, esta industria sale ahora de una auténtica borrachera de ventas y repercusión masiva. Igual que en la moda y en el lujo, pasó de ser minoritario y destinado a especialistas y gentes pudientes a espectáculo mediático omnipresente y objeto de deseo de las clases medias, apoyado por la ubicua cultura de celebrities, encumbrando a una serie de nombres (los Starcks, Lovegroves, Arads y Dixons de turno) de cuyos estudios salían desde sillas a cuberterías, pasando por relojes o gadgets de cocina: “Pasamos de un periodo de auténtica exageración, de consumo excesivo donde a menudo predominaba la imagen y la superficie. Ahora es el momento de volver a lo esencial y eso es perfecto”, zanja pasando página a esta época. Con discreción y diplomacia, comenta lo poco que le interesan los interiores compuestos de greatest hits (aludiendo a la tendencia de incorporar en un espacio varios de los muebles reconocidos por el gran público) “una tendencia fácil” respecto a buscar un concepto original y coherente para los espacios. De la misma forma confiesa tener “sentimientos encontrados” respecto a la “interesante pieza” Horse Lamp producida por Moooi (una lámpara en forma de caballo y a tamaño natural creada por las diseñadoras suecas, y niñas mimadas de la prensa especializada, Front Design) ejemplo del paradigma anterior y junto a la que posa en estas páginas, afirma con resolución que “las épcoas de crisis son momentos extraordinarios para corregir las exageraciones y los errores. Todo va a cambiar de ahora en adelante y era necesario que así fuera”.

La cuestión verde

Guta Moura anticipa que, de ahora en adelante, diseñar una silla va a ser algo más complejo que pensar en un mueble de cuatro patas y los consabidos equilibrios entre forma y función. Los nuevos parámetros, además, van más allá de la coyuntura económica. “Vamos a tener que valorar profundamente los condicionantes ecológicos y ambientales”. La comisaria hace referencia a algunos de los fenómenos más interesantes del diseño reciente. El creciente interés por las cuestiones mediambientales ha dado la vuelta a las convenciones de la disciplina y, sobretodo los creadores más jóvenes, empiezan a tener en cuenta el impacto en la naturaleza de sus productos a lo largo del llamado “ciclo de vida”, es decir, desde que se proyecta hasta que deja de usarse y cómo se desecha, pasando por la energía y agua que se gasta durante su fabricación, almacenaje y transporte, pasando por la búsqueda de packaging más racionales y que generen menos residuos.

Cambio tecnológico y objetos mutantes

Otro de los factores claves para entender el futuro de la disciplina es, de acuerdo con Moura, “la necesidad de entender que las nuevas tecnologías y formas de distribución significan productos diferentes y aproximaciones innovadoras.” Surge pues un diseño que puede vivir al margen de la gran industria ya sea para la fabricación como para la distribución. En ambos casos es gracias a Internet: existe un gran número de empresas que fabrican prototipos y los envían a domicilio a partir de archivos digitales mandados sin moverse de casa, mientras que cada vez más creativos optan por mover su trabajo de manera directa, sin intermediarios a través de la red.
La influencia de las nuevas tecnologías también ha cambiado al consumidor, cuenta la comisaria, que ha dejado de ser pasivo y no se limita a comprar “el producto de moda”. Este parece ser uno de los aspectos que más le interesan a Moura, ha juzgar por el entusiasmo con el que lo explica: “las personas, los usuarios, es lo que más cuenta en estos momentos. Los consumidores, que cada vez son más exigentes y sensibles” no se conformarán con usar el mueble u objeto, sino que “van a ser los diseñadores finales. Los productos serán cada vez más open source”, explica refiriéndose a este término que ha saltado del mundo del software libre para referirse a programas gratuitos y desarrollados de manera colectiva donde todos los usuarios tienen acceso a su código para modificarlo y mejorarlo. Siguiendo esta lógica que ya se aplica tanto en el mundo de los bits como en el de los átomos, “los productos tienen que estar preparados para ser customizados por cada uno de nosotros”, anticipa Moura. Y es que lo personal y lo emotivo va a sar la gran clave de los objetos que nos rodearán durante los próximos años: “En el siglo XXI va a haber espacio para regresar al individuo, a lo personal, lo único, a la vez que todo eso puede tener un impacto global”. Todos estos vaticinios se materializarán y podrán verse y tocarse en la próxima edición de ExperimentaDesign.

escrito por Cristina Díaz a las 7:23 pm  

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