Sunday, August 30, 2009

Arte a pie de calle

Díptico de la serie de fotografías que la fotógrafa tomó en Nueva Orleans tras el huracán Katrina.

La norteamericana Zoe Strauss fotografía a sus vecinos de la zona más humilde de Filadelfia y expone y vende las fotografías en los pilares de una autopista. Es un proyecto que pretende desarrollar a lo largo de 10 años y que constituye el ejemplo de una nueva (y necesaria) cara de la creación: el arte vinculado a lo social, sin afán ni de espectáculo ni de especulación.

En uno de mis cincuenta (estimando a la baja) capítulos preferidos de Los Simpsons, Homer es abordado por una galerista en el camino al vertedero donde pretende deshacerse de un proyecto frustrado de bricolaje. El adefesio que debía haber sido una barbacoa es interpretado como una escultura por la estirada marchante. El episodio acaba cuando, tras ser rechazado por el cultivado público artístico, convierte Springfield en una inesperada Venecia, auténtica obra maestra de Homer que hace feliz a sus conciudadanos, al margen de los gustos estéticos de los happy few. Los que alternan círculos artísticos verán mucha verdad en este edificante capítulo. En las últimas décadas el “mundo del arte” se convirtió en una engrasada maquinaria de elevar y destruir a los miembros de una nueva generación de artistas que, lejos de los genios atormentados de otras épocas, se han convertido en estrellas mediáticas y su trabajo en marcas registradas que, en la bonanza económica, lanzaban titulares de precios récord en las subastas. Pero, ahora que la fiesta ha terminado, muchos se preguntan ¿el arte era esto?
Qué es el arte y dónde se debería encontrar se lo preguntó hace unos años Zoe Strauss, la némesis del artista/estrella como figura contemporánea que nos descubre el nuevo número de la revista cPhoto Magazine. Su currículo no alberga ni rocambolescos másters en creación contemporánea, ni prestigiosas becas. De hecho, el currículo de Strauss, apenas tendría unas pocas líneas: nacida en el sur de Filadelfia fue la primera en su familia en completar el bachillerato y a los 30 años se compró una cámara y empezó a disparar fotos a sus vecinos.

Currículo invisible

Sin embargo, esta escueta formación esconde un ojo agudo, una perfección técnica insólita para un artista autodidacta y una voluntad documental sorprendente. “Es todo un descubrimiento”, nos cuenta el editor gráfico de la revista de Ivory Press, Ignacio Andreu, “pertenece a una familia humilde y empezó a producir un proyecto que se le ocurrió sin saber nada de fotografía”. Se trata de una pieza de arte público llamada I-95, el nombre de una autopista que pasa por su barrio en el sur de Filadelfia. “Fotografía a la gente del barrio, muestra las imágenes en el paso elevado de la autovía una vez al año y las vende por unos dólares”. Para Andreu, que lidia en su actividad diaria con el material de grandes artistas y fotógrafos que desfilan por la lujosa cabecera, no se trata de que el trabajo de Strauss sea algo exótico (como la barbacoa de Homer) para el mundo del arte, al contrario: “lo más interesante de Strauss es la inmensa calidad técnica de sus imágenes. Cultiva tres géneros distintos (el retrato, la arquitectura y un formato basado en lo icónico de los textos de carteles y rótulos que encuentra en espacios públicos) y todos ellos con un nivel irreprochable”. Otra de las características de la artista es “su procedencia y el haberse dado cuenta de la desvinculación del arte con la vida real”.

Proyecto a diez años vista

Strauss, en sus correos electrónicos (en los que inserta imágenes que ilustran sus argumentos), puntualiza la visión de Andreu. “Siempre he sentido el arte, con sus múltiples y resbaladizas definiciones, como algo cercano, tanto para mí como para mis vecinos. Sin embargo, el arte contemporáneo, más conceptual sí que parece que ha sido eliminado de nuestra vida cotidiana. Pero ¡eso no es verdad en absoluto! En mi proyecto intento llevar a mi vecindario este tipo de arte, pero también despertar el pensamiento crítico entre nosotros, y situarlo en el espacio público, en este caso, esa zona muerta bajo la interestatal”, se refiere a la I-95 que da nombre a su proyecto.
I-95 es un proyecto largo concebido para ser desarrollado “mientras sea treintañera”, cuenta la fotógrafa y se le ocurrió de manera espontánea. “Había trabajado de niñera y había hecho algunos proyectos en la calle” (y adjunta las fotos una valla publicitaria intervenida por ella y pintada como un gran billete de dólar o la instalación de una lancha motora en medio de un solar) “Cuando tenía veintitantos sentí que debía crear algo y que necesitaba un gran proyecto para hacer durante la década siguiente” Y dió con la idea para este proyecto: “El concepto de esta instalación simplemente se me ocurrió tal cual. Pulí algunos flecos y enseguida empecé a hacer fotos”.
A partir de ese instante, compró la cámara, aprendió el oficio y se echó a la calle a disparar. Y es que su producción es ingente. Andreu lo corrobora: “Es masiva y, lo especial de Strauss, es que no tiene respeto por cada una de las miles de fotografías que hace ni por el proceso de edición. Lo importante para ella es el cuerpo de obra”. La prueba de esta actitud, completamente opuesta al culto al objeto de sus colegas de profesión, es que todo su trabajo está en Internet. Y no en una web hiperdiseñada propia del artista convertido en corporación sino a través del servicio gratuito como Flickr y un sencillo (y a todas luces con graves problemas de diseño) blog, también de un proveedor masivo, donde no sólo habla de su trabajo, sino también comenta hechos de la actualidad, cuelga imágenes propias y ajenas o explica anécdotas de su vida diaria, no siempre relacionadas con sus fotos. “Son sólo detalles de la instalación”, cuenta Strauss al comentarle el calvario que han vivido en la revista al tener que enfrentarse a centenares de sus fotografías. Es muy importante para mí que el proceso sea completamente transparente. Enseño cómo hago las fotos, cómo las ordeno y edito porque quiero desmitificar completamente la producción de la instalación”.

Arte para todos

Transparencia y desmitificación de los procesos no son palabras que una oiga a menudo de la boca (o en este caso, el teclado) de un artista, como tampoco lo es la noción de “accesibilidad” que es la columna vertebral del proyecto. Las obras se enseñan en la calle, pero si para todos los que no conocemos el pintoresco ambiente de las calles de South Philly, no sólo podemos ver el día a día de I-95 en la red, sino que con un email y cinco euros al cambio, Strauss nos enviará a domicilio una copia (“buenísima”, puntualiza Andreu) de cualquiera de sus miles de instantáneas. Además, lejos de verse seducida por los encantos del mercado del arte, ha limitado el precio de venta de su obra a su galerista, Bruce Silverstein. “Me he comprometido durante 10 años a este proyecto. Y la accesibilidad para poder comprar arte es una parte fundamental de I-95”. La artista, que eligió precisamente la fotografía “por ser el medio más democrático” se niega a “forzar estas imágenes en la estructura del falso mercado que es la edición”, es decir, vender series numeradas de un medio que, por definición, es reproducible hasta el infinito, “sería una auténtica chorrada”. Y así, querida lectora, es como con una frase de desenmascara el sacrosanto mercado del arte y se deslegitima el sustento del 99% de los artistas. “He tenido la suerte de poder saltarme todas las tonterías del arte, el ‘conoces a no sé quién y no sé cuántos’ y toda esa mierda… ¿A mí qué me importa? No tengo nada más que buenas experiencias tanto con los museos”, ha expuesto en el Museo de Filadelfia y en el Whitney, “como con Bruce Silverstein, mi galería. Sé que se ponen nerviosos por mi forma de trabajar pero hago lo que quiero y lo que considero mejor para mi trabajo. ¡Así funciono!”
Tras una década de auténtico derroche y ostentación, estas actitudes no son “refrescantes” sino necesarias. “Artistas como Zoe Strauss son un revulsivo para el mundo del arte. Su conciencia social no es una coartada, es completamente honesta con su trabajo, que nos recuerda que lo que perdura es la honestidad y la capacidad de retratar la condición humana. Y ella lo consigue”.

Más allá del cliché

Zoe Strauss es una de las creadoras que desfilan en este nuevo número de C-Photo dedicado a la mujer. No es la primera vez que desfilan por estas páginas proyectos en clave femenina que despiertan miradas de recelo entre las artistas. El planteamiento del número 9 de la reivsta va más allá y pretende mostrar de manera general “el papel de la mujer delante y detrás de la cámara”, cuenta Ignacio Andreu, editor gráfico de la revista. “No es la visión arquetípica de este tema. La intención era recoger propuestas de fotógrafos o retratos de la mujer pero sin posicionarnos, dar una visión ecléctica”, explica.
Y lo cierto es que más que determinar rasgos comunes y temas femeninos en las artistas, algo que “no pueden” (¿o no quieren?) evitar este tipo de proyectos, la revista parece dinamitar la eterna cuestión sobre la existencia de una mirada común para las fotógrafas y artistas. De hecho, más que responder a esa pregunta C-Photo parece retar al lector a cuestionar la necesidad de categorizar. “El ejemplo lo encontramos en la sección Portfolio, con la obra de Cindy Sherman y Annie Leibovitz. Para mí constituyen la bipolaridad máxima en torno a esta cuestión. La primera con una obra artística sobre el feminismo, la otra con un trabajo comercial sin carácter reivindicativo. Zoe Strauss se centra en su entorno inmediato para hablar de lo universal con un marcado acento social, mientras que el trabajo autobiográfico de Julianna Beasley retrata el mundo de los clubs de strip-tease”, continúa Andreu citando algunos de los trabajos incluidos en el número, donde también destaca la jovencísima y aclamada Jessica Dimmock o la domesticidad de Sarah Faust, pero también los trabajos de ellos, como la asombrosa normalidad del retrato de los transexuales del director de arte Barry Kay o las amazonas de la era pre-photoshop de Jean Paul Goude, marido y “pigmalión” de Grace Jones. Todas ellas eso sí, “se refieren a la condición humana”, la condición indispensable para hacer una buena fotografía. Y eso no entiende de géneros.

escrito por Cristina Díaz a las 7:25 pm  

No hay comentarios »

No comments yet.

RSS feed para comentarios en este post. TrackBack URI

Deja un comentario