Monday, September 7, 2009

Flamenco negro

Una imagen del libro del fotógrafo Ruven Afanador: la célebre modelo plus size Crystal Renn se entretiene con una aguja de moño

Mil besos es el proyecto más personal de Ruven Afanador, un retrato de las caras y los cuerpos de las mujeres más sobresalientes del arte flamenco. Tristeza, pasión y poderío, erotismo, garbo y clasicismo se dan cita en este lujoso libro con el que el fotógrafo realiza el sueño de su vida.

Después de tantos años leyendo revistas, sabemos que la fotografía de moda no sólo no es sino que no debe ser realista. Las imágenes de moda, sí, deben enseñarnos si se lleva el verde o el azul o si debemos decidirnos entre botas o botines, pero sobretodo, su función es transportarnos a lugares de ensueño, despertar fantasías o mostrar mundos, actitudes y personajes que, de vez en cuando, a todos (ellos también) nos gustaría habitar. Buscar veracidad en estas páginas no sólo es un ejercicio improductivo, sino que es también perder la ocasión de disfrutar de un arte que, como sus hermanos mayores, los que escribimos con mayúsculas, vive de sueños y visiones subjetivas.

De la fantasía al papel

De eso sabe mucho el fotógrafo colombiano afincado en Nueva York Ruven Afanador. Este profesional que lleva más de una década en el mundo de la moda (sin ir más lejos, ha firmado varias portadas para Yo Dona), haciendo perfectos retratos a modelos y celebrities, desde pequeño soñaba con el mundo del flamenco. Desde que oyó en casa mil y una historias sobre esas mujeres, que vestían de negro, cantaban en humildes tablaos con un chorro de voz casi irreal o daban palmas y taconeaban como posesas y, sin verlas, ese niño que luego viajaría a Estados Unidos y fotografiaría a, entre otras, Heidi Klum, Jennifer Connelly, Brooke Shields o “las chicas” de Sexo en Nueva York, convirtió a la mujer del flamenco en una especie de ser mitológico. Tardaría unos años en contrastar sus cuentos de infancia, ampliados en su viva imaginación, con las flamencas. No fue hasta principios de la década de los noventa cuando Afanador pudo, por fin, presenciar un espectáculo de flamenco. Sería la bailaora María Benítez en los Joyce Theater de la Gran Manzana. Hipnotizado por esta danza y cumpliendo su sueño de infancia, el fotógrafo le pidió que le dejara retratarla. Así nacería el proyecto Mil besos que todavía tardaría casi dos décadas en materializarse. Y es que en la moda los sueños se hacen realidad. O, al menos, se pueden fotografiar y plasmar en un papel, más de lo que los simples mortales podemos conseguir.

Cal, sol y poderío

Eso sucedió el pasado verano, cuando el fotógrafo facturó su equipo (y una exquisita selección de vestidos de firmas como John Galliano, Roberto Cavalli, Prada y Versace) y viajó hasta Andalucía donde le esperaba la flor y nata del cante y el baile. De fondo, desierto o canteras de cal. En primer término, grande mujeres con maquillajes dramáticos, vestidas de riguroso negro. La imagen, en el contrastado blanco y negro de gusto “neorrealista” italiano, sello de identidad del colombiano. El resultado de este safarí cañí es el libro Mil besos que ahora edita la prestigiosa editorial Rizzoli y que ilustra lujosamente estas páginas.
Aunque encontrar a las mujeres, no fue precisamente fácil. “Es difícil introducirse en el mundo del flamenco, sobretodo si hablamos de artistas auténticas”, nos cuenta un encantador Afanador desde su estudio de Nueva York (donde es constantemente interrumpido por uno o varios assistants y llamadas desde otro número indefinidos de teléfonos móviles), “lo conseguí gracias a la labor de mi productora, que se desplazó hasta Sevilla o Cádiz para contactar con las artistas. Es un mundo cerrado, pero también es cierto que una vez aceptaron las primeras se fue corriendo la voz y las cosas se hicieron más fáciles para nosotros. Una vez una artista aceptaba, nos presentaba a sus hijas, a sus tías, a sus amigas, a cualquiera ”. Pese a todo, es “facilidad” no le ahorró al fotógrafo varios viajes a tierras andaluzas.
Sobre las imágenes, Afanador tuvo clara la idea desde el principio: “Quería trabajar con ellas pero fuera de los escenarios. Me fascinaban los maquillajes intensos y conseguir una luz completamente dramática”, explica apasionado el artista, “primero pensé en hacerlo en el campo, en algún cortijo poniendo a las mujeres frente a las paredes encaladas bajo un sol intenso” Finalmente a estas localizaciones se sumaron otras con las que se conseguía una imagen entre el Neo-Realismo y la puesta en escena casi marciana de cineastas como Tarkovsky: las minas de cal y los paisajes más desolados se convirtieron en el escenario ideal, que permitían llevar el concepto inicial a sus últimas consecuencias. Los gestos exagerados, los movimientos de brazos acentuados y un estilismo que lleva las convenciones de la ropa flamenca hasta sus últimas consecuencias (peinetas y moños que se elevan un palmo sobre cabelleras azabache, volantes y colas de gran tamaño), pero también mucha lencería, transparencia y desnudeces que muestran cuerpos alejados de la perfecta monotonía habitual en los shootings de moda.

Fuerza y personalidad

De esas sesiones, Afanador guarda un grato recuerdo. “Era increíble ver su alegría y su implicación. Jamás pensaron que protagonizarían unas fotos así. Les encantaba el proceso, el vestuario y el maquillaje, que eran muy espectaculares, aunque no conocían las marcas les chiflaba verse transformadas” Y luego, claro, el arte. “La transformación era increíble, algunas de las mujeres más mayores llegaban con auténticas dificultades para caminar y vestidas con ropas muy humildes y, poco a poco, se soltaban frente a la cámara. Era como si renacieran en el set. Cantaban y bailaban y, sobretodo, desplegaban una fuerza y sensualidad que nos impacto a todos los presentes”. Para conseguir esta atmósfera festiva, el fotógrafo no reparó en gastos y consiguió que un grupo acompañara las sesiones fotográficas con flamenco en directo. La verdad es que imaginar semejante escenario (los focos, las bailaoras arrancándose por bulerías, el glamour de los “diores” y los maquilladores, la música en directo, etc) en medio de una mina de cal se antoja como algo digno de espiar.
Aunque Mil Besos empezó como el deseo de realizar un sueño infantil, Ruven Afanador confiesa que acabó siendo un homenaje. Tras las flamencas que imaginaba en su infancia, descubrió estas señoras humildes, llenas de un arte que apenas si ha traspasado las fronteras de un puñado de expertos y aficionados. El despliegue de poderío hizo ver a las mujeres reales que encarnaban esas diosas que protagonizaban los relatos de sus abuelos. “Teníamos la sensación de que no se había valorado debidamente a estas mujeres a lo largo de su vida. Es muy bonito para mí”, explica el fotógrafo, “poder darles este homenaje, unas fotografías donde se las ve hermosas, rodeadas de glamour”.

Belleza sin limitaciones

Para Afanador, la experiencia de conocer a estas mujeres, jóvenes, mayores, flacas, corpulentas, coquetas o que acusaban el paso de los años, ha resultado más enriquecedora que retratar a las celebrities que llenan su portfolio. “Las modelos y las actrices están acostumbradas a estas sesiones que forman parte de su trabajo. De hecho, esas imágenes están rodeadas de mucha inseguridad, todo tiene que quedar perfecto, pocas veces hay espacio para la espontaneidad o la improvisación. Así que no pueden dar rienda suelta a la sensualidad de otras mujeres que, con aspecto quizá menos perfecto, tienen más personalidad y estilo”, zanja el fotógrafo disparando con bala y, de paso, trasladándonos la lección de autoestima que encarnan estas mujeres.
Las imágenes contaron con la bendición de quién las inspiró. Antes de convertirse en un libro, Mil Besos fue una exposición que cubrió las calles de Sevilla durante la última edición de la Bienal de Flamenco. “Era algo impresionante, todo el mundo reaccionó muy bien, tanto el público como los expertos y artistas que visitaron la ciudad por la bienal. La gente se hacía fotos frente a mis retratos, se paraban en medio de la calle para poder admirar las imágenes. Es algo que no pasaría en una galería y con lo que un fotógrafo no puede ni soñar”. Aunque ya hemos visto, para Afanador no hay ambiciones ni sueños que no se cumplan. Y además lo hacen editado en formato de lujo y vestidos de alta costura.

escrito por Cristina Díaz a las 1:53 pm  

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