Saturday, July 4, 2009

Cristina García Rodero: “La fotografía ha sido muy generosa conmigo”

Una de las fotografías más conocidas de Cristina García Rodero, que forma parte del libro España oculta

Apasionada y extensísima, la obra de Cristina García Rodero es un atlas de lo espiritual y lo mundano en todo el planeta, que ha recorrido con tenacidad en el tiempo que le permitían sus clases en la universidad. Esta constancia y su punto de vista único ha tenido como premio el ingreso en la mítica agencia Magnum, la primera vez que un profesional lo consigue en nuestro país.

Tras años con la maleta a cuestas, viviendo “como un carácol”, adentrándose en paisajes para los que el adjetivo “inhóspito” se queda corto, Cristina García Rodero es la primera fotógrafa española en formar parte de la agencia Magnum, el olimpo de la disciplina que reporteros como Robert Capa o Cartier-Bresson fundaran en los años 40. “Todo un honor”, en sus palabras, que premian cuatro décadas de entrega total a la disciplina, cuarenta años de tesón que le han hecho viajar por todo el mundo explorando, con ojo preciso y filosofía de etnógrafa, rituales antiguos y modernos para confirgurar una mirada única y un lenguaje propio en la fotografía documental.
Cristina García Cordero despliega su mirada antropológica sobre su objeto de estudio a conciencia. Sus series pueden durar hasta una década, el tiempo que ella estime necesario para captar hasta el último detalle de la realidad. Aunque iba para pintora, la fotografía se cruzó en su camino y las fiestas populares patrias fueron el material con el que se consagraría a la imagen documental. España oculta, su primer libro, recogería en los años 80 una variedad de ritos, festejos y creencias de todo el país, que pronto se le quedaría pequeño. El vudú haitiano o el misterioso culto venezolano a María Lionza, un ritual que exploró durante más de 10 años y que tuvo por resultado una gran exposición y un libro presentados en la pasada edición de PhotoEspaña serían otros aspectos de “lo espiritual” que exploraría con su paciente objetivo. En los últimos años ha trasladado esos rituales al mundo contemporáneo en su serie (todavía en marcha) Entre el cielo y la tierra donde encuentra en acontecimientos como festivales de música, idéntica fuerza, erotismo y entrega que captara en décadas anteriores en lugares remotos o pueblos recónditos de la geografía española. Su monumental obra, antes de recibir la bendición de Magnum, ha podido verse en salas y museos de todo el mundo y forma parte de los fondos del Reina Sofía, del Museo del Prado, IVAM (Valencia), Musac (León), CAAC (Sevilla) y de colecciones públicas y privadas, como la Fundación ARCO, Foto Colectania o el Fonds National d’Art Cotemporain francés, entre muchos otros.
El viaje hasta formar parte como miembro asociado de pleno derecho en la agencia Magnum también ha sido largo. Se inicia hace siete años cuando entra como fotógrafa nominada, auspiciada por el norteamericano David Alan Harvey, y ha pasado por dos votaciones (donde los miembros juzgan primero un proyecto concreto y luego la totalidad del portfolio de la artista) para ser asociada y, por fin, a finales del pasado mes de junio, miembro de la cooperativa.
A los pocos días de confirmar su ingreso en la prestigiosa agencia, Cristina García Rodero nos recibe en su casa de Madrid para conversar sobre su trabajo, su vida y sus inquietudes junto a Chema Conesa, fotógrafo, compañero de esta casa (fue editor gráfico de Yo Dona y actualmente es subdirector de fotografía del Magazine, además de jurado en múltiples premios, comisario de exposiciones y assesor de la fundación World Press Photo) y viejo amigo de la fotógrafa. Se saludan cariñosamente y empieza una larga sesión fotográfica (¿quién dijo que en casa del herrero…?) durante la cuál intercambian consejos, ideas, discuten sobre las virtudes de sus modelos de cámara, mientras García Rodero sirve zumo a todos los presentes (también a sus dos jóvenes asistentes, “mis niñas. No, perdón, mis ángeles”), preocupada en todo momento de que no estemos ni cansados ni aburridos. Tras las fotos, se sientan a charlar en el gran sofá que preside el salón, plagado de libros de fotografía e instantáneas familiares, pero sin rastro de imágenes de la autora, humildemente dispuestas en el estudio…

Chema Conesa – Tu entrada en Magnum es casi un premio…
Cristina García Rodero – No, no, es un auténtico honor.
CC – Por supuesto, pero tú también cedes a Magnum tu archivo, tu larga experiencia, tus miles de fotos. Tu producción es en cantidad (y también en calidad) extensísima. Está claro que llegas con los bolsillos llenos… A ver cómo digo esto, sin que suene mal… ¿Tú necesitas a Magnum? ¿O todo lo contrario?
CGR – No sé si nos necesitamos, pero estoy segura de que vamos a hacer una buena pareja.
CC - ¿Qué le aporta a un fotógrafo entrar en Magnum? Además del prestigio, que está claro…
CGR - Creo que me puede aportar muchas cosas. Para mí lo más importante es que en Magnum hay 60 grandes fotógrafos, con los que puedo hablar de fotografía como si fueran mis amigos, como compañeros. Es decir, me da la oportunidad de hablar de mi obra con profesionales sabios, con una experiencia enorme. Y también podré impregnarme de la actividad que hay en la agencia, que es mucha. Digamos que el mayor aliciente es seguir viva como fotógrafa, aunque no creo que necesite a nadie que me dé palmaditas para continuar trabajando.
CC -¿Crees que los fotógrafos son buenos con los fotógrafos? Porque en esta profesión, como en todas, en ocasiones se da mucha competitividad.
CGR – Bueno, cuando hay más de 60 miembros, todos ellos de gran personalidad y de mundos diversos, que vienen de países y culturas diferentes, de edades también muy distintas… esos caracteres tan fuertes pueden chocar. Pero a la vez, creo que puede ser también un gran aglutinador.
CC – ¿Cómo interviene Magnum en tu trabajo? ¿Te puede “obligar” a realizar un encargo o puedes seguir dedicándote libremente a tus proyectos?
CGR – No, no, la agencia no obliga a nada. Pero sí que todos los miembros comparten una mentalidad de colaborar para su crecimiento, para su mejora. Y se hacen cosas para la agencia. Así que si te llaman con alguna propuesta, eres absolutamente libre de hacer lo que quieras, pero los miembros van a intentar cumplir ese encargo. Es una mentalidad de “todos para uno”, una idea muy clara de grupo, de que hay que dar lo mejor para tratar de que vaya a más y que crezca.
CC – Esto llega tras muchos años de mucho trabajo y muy intenso. Eso es algo que me “alucina” de ti: cómo te has volcado en la fotografía renunciando a muchas otras cosas. Afortunadamente la vida te ha sonreído con reconocimientos y premios…
CGR – Y lo más importante, que la gente disfruta y entiende mi trabajo.
CC – Porque ahora eres muy conocida pero ya llevas muchos años trabajando y parece que es ahora que “has subido a los altares”…
CGR – En parte ha sido culpa mía. A mí me gusta trabajar en silencio. No me gusta armar ruido hasta que no estoy completamente segura con un proyecto, hasta que no sé que tengo un buen trabajo entre manos…
CC – De hecho, el libro de María Lionza cubre un culto, un ritual escondido en Venezuela que visitaste muchas veces…
CGR – Sí, hay varios lugares donde se produce este culto a María Lionza, yo fui donde era más seguro, porque en la selva hay muchísimos atracos. Pero cubre unos dos kilómetros en la falda de un monte y fui unas 11 veces. Hay un deseo en mí de que mis imágenes sean lo más representativas posible de lo que alli sucede. Siempre tienes la sensación de que puede pasar algo nuevo, que puede mejorar, dar una idea más exacta de lo que tú has vivido. Aunque hay días desesperantes donde no ocurre nada, pero luego la situación te sorprende y te permite dar más datos al espectador sobre lo que estás presenciando en ese momento.
CC – ¿Qué te impulsa a dedicarte a la fotografía?
CGR – Pues simplemente el deseo de todo creador de desarrollar una obra. Una vocación artística que siento desde muy pequeña. Primer con la danza, aunque no tuve a nadie que me pudiera enseñar, luego con el dibujo y después la fotografía. Desde que estudio Bellas Artes soy consciente de que el artista tiene que hacer una obra, un discurso, sino ¿qué sentido tiene la labor de un pintor, de un fotógrafo?
CC – La obra justifica el proceso creativo, podemos sentirnos artistas pero tenemos que decir algo… Pese a eso, tú te alejas de los postulados artísticos y creas un discurso partiendo de la realidad, haces fotografía documental, es decir, basas tu obra en retratar hechos, creencias, personas que te rondean. ¿Crees que es una manera de esconderte de ti misma?
CGR – ¡En absoluto! Todo lo contrario, es la forma de saber quién soy y de conocerme a mí misma. A través de mis fotos puede verse perfectamente qué es lo que me interesa, qué es lo que me conmueve y por qué hago una fotografía. Empecé haciendo retratos, imágenes que yo misma construía… pero cuando empecé con las fiestas populares, me apasionó. Me apasionó y la pintura y esa otra forma de trabajar quedó atrás. Quizá porque también tenía un deseo de aventura.
CC – ¿Tu trabajo documental entonces está hablando de ti misma?
CGR – Sí, sí, es mi forma de ver la vida, por qué me voy a un sitio y no otro, por qué me dedico a un tema y no otro. Aunque sea foto documental hay una creadora detrás. Aunque mi fotografía sea documental, me considero una artista ante todo ¿…que utilizo lo que veo, que utilizo la vida? De acuerdo, pero siempre que hago una foto me lo planteo como una forma de creación. Que no siempre lo consiga, es otra cosa…
CC – Con respecto al hecho de ser mujer y fotógrafo, ¿crees que hay una mirada femenina?
CGR – La mujer tiene una forma diferente de entender la vida y una sensibilidad distinta. No hay tampoco tantas diferencias, pero sí algunas que son acusadas.
CC – Y también costes, supongo…
CGR – Por supuesto que sí, pero he intentado siempre olvidarlos. Se han reído de mí tantas veces, he visto tantas veces las sonrisitas maliciosas, que no quieren ser abiertas para que les delate, pero que parecen decir “¿adónde va ésta? Esta criaturita, esta chiquita”…
CC – Eso habla de una de tus virtudes que es la constancia, que te ha ayudado a llegar donde estás. Es una característica de tu trabajo, ¿es algo también un rasgo de tu personalidad?
CGR – Un artista se desarrolla a lo largo de toda una vida. Eso quiere decir que tienes que estar siempre trabajando, la inspiración no llega de la noche a la mañana, ni cae del cielo. Bueno, nada cae del cielo.
CC – ¿Tu vida personal ha sufrido por esta dedicación profesional tan intensa?
CGR – Por una parte sí que me ha perjudicado, por otra me ha hecho mucho más fuerte y sabia. A mí me hubiera gustado tener una vida con más cosas, he hecho un gran esfuerzo. No era mi voluntad darle tanta cancha al trabajo, pero es cómo ha pasado. Siento que he sido muy generosa con la fotografía, pero ella también lo ha sido conmigo. He dado clases, que es algo que me hace sentir completamente satisfecha. Me gusta poder hacerle el camino más corto a los demás, abrirles los ojos, poder facilitarles las cosas… Esta actividad también me ha quitado mucho tiempo, me he dedicado a la fotografía los días que tenía de vacaciones. Así que en ocasiones mi vida era o enseñanza o trabajo. También tengo que decir que ha habido muchas más cosas que la fotografía y que lo que me ha pasado, lo he vivido con mucha intensidad. ¡En una vida caben muchas cosas!

escrito por Cristina Díaz a las 10:21 am  

1 Comentario »

  1. Adoro a esta mujer e idolatro su obra. Es para mí la mas grande, sin duda.Su obra me conmueve, intento buscar inspiración en tus trabajos, es FOTOGRAFIA con mayúsculas.

    Comment by Amadeo Herrera — 21 January, 2012 @ 12:53 am

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