Saturday, January 30, 2010

Susie Orbach: “Los medios deben mostrar mujeres de todos los tamaños”

Retrato de la terapeuta británica Susie Orbach.

En su nuevo libro Cuerpos, la psicoanalista Susie Orbach denuncia la problemática relación que tenemos con nuestro aspecto físico, lógica respuesta a la presión que ejercen los medios de comunicación al imponer una imagen que se ha convertido en ideal estético global.

Teherán es la capital mundial de la rinoplastia. Las jóvenes coreanas reciben como regalo de sus padres una intervención para “occidentalizar” sus párpados. En Estados Unidos, la mayoría de la clientela de la cirugía estética procede de las rentas más bajas. Las adolescentes chinas se someten a dolorosísimas operaciones en las piernas que las inmovilizan durante meses para “crecer” un par de centímetros. En nuestro país vivimos el auge la cirugía plástica “a plazos”, como la hipoteca o el plasma, durante la pujanza económica. Parece que nadie, venga de donde venga, no sólo no está contento con su cuerpo sino que se ve obligado a modificarlo para parecerse a esa figura ideal del mundo globalizado (pero nada real). Una figura que se ha ido imponiendo en todo el mundo, alargada y sin curvas (con pecho, eso sí), y que se ha convertido en la mercancía más exportada de Occidente y fuente de angustia para mujeres de todo el mundo que, independientemente de sus genes o cultura, tratan de emular ese mismo ideal. Aunque eso suponga someterse a tratamientos de belleza y operaciones del todo delirantes.

Esas son algunas de las ideas que lanza la psicoanalista inglesa Susie Orbach en su libro más reciente, “Cuerpos” (que Paidós publicará próximamente en castellano), donde nos reta a examinar la relación con nuestro cuerpo, a la vez que denuncia las condiciones gracias a las que se han creado unos estándares de belleza que no tienen nada que envidiar a los corsés de nuestras tatarabuelas. No es, ni mucho menos, un campo nuevo para la británica que en 1978 con su obra Fat is a Feminist Issue (años antes de que Naomi Wolf escribiera el fundacional El mito de la belleza) fue pionera en ver las presiones por el físico como una forma de dejar fuera de juego a la mujer en su lucha por la igualdad.

Orbach, experta en estas relaciones ambivalentes con el cuerpo, fue puntualmente célebre entre el gran público cuando trató en su consulta a la princesa Diana de Gales, cuya bulimia contribuyó a que los trastornos alimentarios empezaran a llegar a los medios de comunicación. Reconocida feminista, no lleva a cabo su lucha contra la tiranía de la delgadez y la juventud sólo de manera individual y en el diván, sino que colaboró en la gestación de la revolucionaria campaña de Dove “por la belleza real” y es una activa militante contra la discriminación por la talla a través de plataformas como Any-Body (un blog sobre estos asuntos que conviene consultar regularmente). Dicharachera y con una indisimulada tendencia a poner ejemplos de su vida personal (fruto quizá de sus años en Nueva York), Susie Orbach nos atiende por teléfono desde su casa en Londres.

Yo Dona - No sé si cuando escribió su primer libro “Fat is a Feminist Issue” (algo así como “La gordura es una cuestión feminista”) podía prever que las cosas no mejorarían para las mujeres, más bien todo lo contrario…
Susie Orbach - Cuando escribí ‘fifi’ (que es como me gusta llamar a Fat is a Feminist Issue) se suponía que existía un problema y que el libro lo podría cambiar. Lo que no esperaba en absoluto es que 31 años después el problema iba a afectar no sólo a todas las mujeres, sino a las niñas en edades cada vez más tempranas e incluso a los niños. Sinceramente, tampoco pensaba que todo el mundo estaría preso por una especie de fobia sobre su cuerpo, independientemente del tamaño que tenga. Así que no, no esperábamos que la cosa acabara así
YD – En su último ensayo Cuerpos parece sugerir que existen muchos cuerpos distintos: la construcción cultural que cada sociedad intenta imponer, el que cada uno de nosotros percibe y, por último, en fin, esa masa de órganos, músculos y piel que nos acompaña de por vida.
SO – Exactamente. En el libro intento explicar cómo pensamos nuestro cuerpo y cuán compleja es esta relación que tenemos con él. Es una especie de propuesta para que reflexionemo, intento generar nuevas teorías, instar a que empecemos a tomar nuestra parte física en serio, en lugar de pensar que es un mecanismo al servicio de la mente. El cuerpo tiene su propia historia y debemos descubrirla. Y como terapeuta y psicoanalista estoy interesada en ese relato del cuerpo, cómo se le trata, cómo se le hiere, cómo, en cierta manera, habla por nosotros. Históricamente, el psicoanálisis ha tratado lo que sucedía en el cuerpo como resultado de los procesos mentales. En lugar de pensar que puede tener también su propia historia psicológica, que viene de la relación con la cultura, con nuestros semejantes, etc. El cuerpo puede ser muy infeliz, porque la mente lo está también. Sé que suena un poco loco hablar así, pero debemos empezar a pensar así para poder explicar lo que está sucediendo con nuestros cuerpos hoy en día.
YD – ¿Y cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo ahora mismo?
SO – Pues actualmente vemos el cuerpo, por un lado, como un lugar para el miedo: lo tratamos casi como un animal que debemos vigilar y domesticar, algo en que no podemos confiar. Y a la vez, es un lugar de potencial magnificencia. Así que tiene este rol ambivalente que es un poco desquiciante, porque pone a nuestro cuerpo bajo una gran presión. Significa que podemos transformarlo una y otra vez hasta conseguir el cuerpo que queramos aunque por otra parte, debemos controlarlo porque sino nos puede traicionar.
YD – Porque ahora nuestro cuerpo es además una herramienta para la mejora económica y social. En su libro explica que la mayoría de operaciones de estética que se realizan en Estados Unidos son a mujeres que, sorprendentemente, están en las rentas más bajas.
SO – Efectivamente. Los “mercaderes del odio al cuerpo” , como me gusta llamar a la industria de la belleza, quieren que pensemos que nuestro cuerpo es una marca, un “activo”, por ponerlo en términos financieros. Nos dicen “es culpa tuya si no tienes el cuerpo que quieres, es algo que debes desarrollar, y las madres deben enseñarlo a sus hijos”. Y ¿cómo podemos mejorar? pues con cirugía plástica, cosmética, dietas y todo ese catálogo de opciones que conocemos muy bien. Pero es una locura que pensemos en nuestro cuerpo de esa forma y lo hacemos. Por si fuera poco, esos sectores se han adueñado de la retórica de la liberación de la mujer y ahora hablan de sus servicios como herramientas de poder para las mujeres. ‘Estás en tu derecho”, nos dicen, “si no lo haces, te estás privando de algo positivo para ti” y todos esos argumentos.
YD – De hecho, le preocupa que se normalicen ese tipo de discursos. Teme que odiar tu propio cuerpo, estar a dieta, pensar en operaciones de estética, etc… se haya convertido en una parte esencial de ser mujer.
SO – Sí, porque además lo vamos a transmitir a las generaciones venideras. Todos estos mensajes hacen que las mujeres estén criando a los hijos con la misma ansiedad hacia su cuerpo y hacia la comida que ellas han desarrollado. Por ejemplo, está sucediendo con las madres jóvenes, que en seguida tienen que perder el peso del embarazo. ¡Todos estos mensajes deberían estar prohibidos, en serio! En lugar de estar dedicando tiempo a estar con sus hijos, a crear un vínculo saludable con ellos, están haciendo abdominales y privándose de comer. Los médicos deberían ocuparse de que las mujeres aprendieran a confiar en su apetito y distinguir las señales que sus hijos les dan. Además, es también muy dañino para los hijos, puesto que heredarán esas mismas ideas de que hay que temer al cuerpo, que no se puede “descontrolar” Así que estamos además creando una generación de niños y niñas que estarán preocupados por sus cuerpos, así que estamos perpetuando estas ideas y creando las condiciones para que nos convirtamos todos en criaturas para el capitalismo.
YD – ¿No será esa la causa de todos estos males?
SO - ¡Por supuesto que tiene que ver con el dinero! Pero no es el único factor. El problema está en pensar que no estaremos bien hasta que nuestros cuerpos tengan esa forma que se nos pide. Y eso es lo que me preocupa como psicoterapeuta. Claro que es un argumento anti-capitalista y cómo se consigue que todo siga en marcha, pero lo esencial aquí, lo que debemos plantearnos a nivel individual es porqué no somos capaces de creer, simplemente, que nuestros cuerpos están bien. Tenemos que arriesgarnos a aceptar nuestro cuerpo tal y como es. Y, la verdad, no quiero sonar como una idiota, pero ¡estamos bien! Nuestros cuerpos son bastante asombrosos!
YD – Pero en estos tiempos de cultura digital, en los que estamos todo el tiempo conectados y, en cierta manera, mostrando fotos y explicando nuestras vidas en tiempo real, y a la vez recibiendo un montón de impactos… ¿Cómo resistir a esa presión?
SO – Está bien que señales el impacto de la cultura digital, porque es fundamental para que hayamos llegado a esta situación. Ahora experimentamos el reconocimiento y el ser conocidos a través de lo visual, más que por la experiencia real de ser reconocidos por nuestras virtudes. Existe un riesgo real de dejarse llevar por esa nueva necesidad de sentirnos valorados por lo puramente visual. Diría que esta cultura hace todos estos valores más presentes, es como tener una radio emitiendo en nuestra cabeza todo el tiempo, que nos hace pensar constantemente en qué aspecto tenemos, cómo debemos comportarnos, cómo ser una mujer (¡y ser un hombre también!). Ciertamente, ya no podemos escapar de las pantallas, pero debemos intentar que, al menos, muestren diversidad. Si aceptamos esta cultura visual que está aquí para quedarse, entonces me gustaría ver imágenes de hombres y mujeres de diferentes tamaños representado, sin demonizar a nadie que esté por encima de la talla 36.
YD – Parece que esos mensajes nos afectan incluso en las esferas más íntimas. En Cuerpos dedica un capítulo a la sexualidad, que también está “secuestrada” por la omnipresencia de imágenes, cuanto menos, poco realistas. Parece alinearse con otras autoras que señalan la comercialización y “porfinicación” de la sexualidad femenina.
SO – La gente tiene relaciones sexuales como si lo estuvieran viendo desde fuera y luego comparan esa imagen con otras que han visto en revistas o películas. Creo que este es un fenómeno que lleva tiempo gestándose, pero ahora está más presente y además se está extendiendo entre chicas cada vez más jóvenes. Es muy peligroso, porque es posible que no puedan desarrollar su propia sexualidad, están preocupadas por su aspecto y por gustar a sus compañeros cuando mantienen relaciones que es difícil que puedan concentrarse en el placer. Se puede decir que ellas mismas se han convertido en objetos. ¡Es muy inquietante! Y por supuesto es fuente de inseguridades, nos recuerda que nuestro cuerpo está allí para ser examinado y criticado, no cómo fuente de placer e intimidad. Obviamente, cada época y cada sociedad “marca” a las personas de formas distintas. La urgencia de todo esto que estamos discutiendo no es tanto por cómo nos influye, sino por la tiranía de esos rasgos que adquirimos. Está sucediendo que todo lo que sale de esta regla, de esta sexualidad convertida en producto de consumo, se percibe como anti-sexual o asexual, porque no se conciben expresiones distintas de la sexualidad.
YD – La verdad es que nos pinta un panorama un poco desolador que, supongo, las feministas de su generación no esperaban encontrar. ¿Qué podemos hacer, entonces? ¿Cree que los números especiales como éste señalan algún cambio?
SO - Debemos luchar de manera individual y colectiva. Y creo que la política del cuerpo, la economía de la industria de la belleza son dos buenos lugares por los que empezar. Pues cada una debe hacer lo que pueda en su campo. Tú y tu revista podéis hablar más de estos temas, publicar imágenes de mujeres de todos los tamaños y edades, por ejemplo. En el sector de la moda se puede pedir que se diseñen prendas con cortes más individualizados, que expresen cosas positivas sobre los distintos cuerpos, no sólo pensados para el ideal imperante. En cualquier área en que pensemos, encontraremos algo qué hacer. No sé si los especiales que están apareciendo en revistas de todo el mundo van a cambiar algo. Pero sé que no no nos podemos permitir el lujo de ser cínicos y debemos seguir actuando. De la misma forma que la historia nos ha enseñado que porque tengas a personas negras desempeñando determinados trabajos no quiere decir, ni mucho menos, que hayamos superado el racismo. Y porque hayan aparecido últimamente estas imágenes, no quiere decir que la discriminación por la talla haya desaparecido. Creo que, simplemente, no podemos dejar de avanzar y seguir trabajando.

escrito por Cristina Díaz a las 10:42 am  

2 Comentarios »

  1. Que bien por Susie Orbach, la lucha por la apariencia nunca acabará, pero si podemos controlar los indices de mortalidad ocasionados por las obsesiones qeu la misma despierta, entonces estaremos creciendo como sociedad. El ser humano tiene la tendencia a la auto-critica, lo cual es la base fundamental de la autosuperación, pero si la aplicamos al crecimiento de la mente y no del aparente.. el mundo puede tener un cambio muy importante!

    Comment by Angela Zamudio Reyes — 27 March, 2011 @ 5:14 pm

  2. es el primer articulo muy interesante que leo al respecto.la tirania del culto al cuerpo sobre todo en las mujeres jovenes en la moda y los concursos de belleza eatan generando problemas patologicos de la anorexia nerviosa, claro esta, siempre y cuando exista predisposicion en la personalidad. ahorita me voy abuscar el libro de la autora.

    Comment by victor infantes pachas — 14 May, 2013 @ 3:56 am

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