Friday, September 28, 2007

Kawai!! La cara oculta de Hello Kitty

“Di Yue Quan Xi” (2004) de la artista japonesa Aya Takano.

La nueva temporada en la Fundació Miró (Barcelona) trae aires orientales. Bajo el título de “Kawaii!” desfilarán por el centro los creadores japoneses más rompedores. La artista Aya Takano, que abre el ciclo, nos muestra el lado oculto de la iconografía pop nipona.

“Kawaii!” es el equivalente japonés para nuestro “¡qué mono!”. Es también el término que designa el culto, básicamente de las chicas, por las cosas “pequeñas y bonitas”, como los gatitos, personajes femeninos de manga o los gadgets rosas. Es asimismo el título elegido por la Fundació Miró para este ciclo que trae a cinco artistas cuya obra es, sólo a primera vista, una “monada” que esconde los miedos de la juventud japonesa actual.

Es el caso de Aya Takano (Saitama, 1976) que presenta acuarelas, dibujos, así como una animación y una escultura de gran tamaño. En sus pinturas aparecen una serie de personajes que directamente entroncan con la cultura de lo bonito, cervatillos, conejitos y un montón de adolescentes. “Están en la edad a la que les empiezan a gustar los chicos”, puntualiza Takano. Pero los juegos a los que se entregan todas estas muchachas distan mucho de ser inocente. En una segunda mirada, podemos ver un hedonismo que las lleva entregarse a todo tipo de placeres, desde juegos eróticos con sus compañeras (en el hermoso “I know that just a kiss take me far away”, 2006) o a comidas de tintes orgiásticos donde devoran todo tipo de seres fantásticos sin perder su cándida sonrisa (como sucede en el lienzo de gran tamaño “Di yuen Quan Xi”, 2004). Igualmente, la sala está presidida por “Black Dog” (2006), una escultura de un perro de peluche cuyas descomunales dimensiones (más de 2 metros de alto) lo convierten en un ser terrorífico.
La artista, que tiene el mismo aire ingenuo de sus personajes, justifica pizpireta esta iconografía “Me encantan las cosas monas, ¡como a todas las chicas! Aunque también intento mostrar los elementos oscuros que todos escondemos”. Mientras muchos ven en sus obras un símbolo de los valores contradictorios en los que se mueve su generación, ella apela al proceso creativo: “A la hora de pintar reúno los elementos que me interesan y los elaboro a partir de mis experiencias. Así que la relación con la realidad es relativa”. Y si se le insiste sobre el tema, zanja “Es que no trato de ‘hurgar’ en el significado de mis obras”, todo ello sin dejar de sonreír. Ya se sabe, en Japón las buenas maneras son sagradas. Para Takano, su obra habla por sí misma y sobran explicaciones. Vaya. Eso es una gran diferencia respecto el artista occidental.

Entre geishas y neones

Además de la “perversa dulzura” de la cultura popular japonesa, el ciclo también destaca el constante diálogo de esta generación de artistas entre tradición y modernidad. En la obra de esta artista, las escenas extraídas de la vida urbana contemporánea se confunden con motivos tradicionales y, especialmente, se plasman con técnicas centenarias. En el caso de Takano, sus “lolitas” alternan los kimonos y los salones del té con la ropa actual y los paisajes futuristas de Tokio. Técnicamente, utiliza acuarela o tinta sobre papel que le permiten recrear la sensualidad y el aspecto naïf de sus personajes. Y, aunque algunas escenas parecen remitir a la ciencia ficción, su mayor influencia se encuentra en la pintura del periodo Edo (que abarca de 1600 al siglo XIX), cuyo artista más conocido es Hokusaï (autor de la famosa “Gran ola de Kanagawa”, convertida en símbolo de lo nipón que decora ya desde pósters a libretas).
Mientras que tardaríamos en encontrar un artista nacional que reconociera públicamente cualquier influencia anterior a los años 60, Takano ni tiene ningún tipo de complejo en señalar sus referentes “Me gusta esta pintura tradicional japonesa. Aunque también me interesan pintores occidentales como Gauguin”. Y es que la conocida capacidad de la cultura japonesa para absorber, casi de manera instantánea, cualquier expresión cultural se da también entre estos artistas: “Esa mezcla entre lo antiguo y lo moderno forma parte de nuestra vida cotidiana, son escenas que vemos a diario en las ciudades. Pienso que nuestro cerebro funciona de otra forma a la hora de incluir cosas nuevas. No nos planteamos el origen, ni la época, ni nada. Simplemente, si algo nos parece atractivo, lo aceptamos sin más”

Maestro Murakami

Alumna aventajada de Takashi Murakami, Aya Takano lleva más de diez años en Kaikai Kiki Ltd. un colectivo creado por este artista para promocionar a jóvenes talentos. La joven creadora reconoce el impulso que supuso para su carrera estar entre las elegidas del llamado “Warhol japonés”. Eso sí, no se siente especialmente influida por su obra “Aunque fue él quien recomendó que transformara mis dibujos de manga en obra pictórica”
Puede que el sello del maestro esté en la sana voluntad de no distinguir entre la obra “de galería” y la comercial. Y si aquel alterna las exposiciones en grandes museos con el diseño de bolsos para Louis Vuitton o, más recientemente, la portada del nuevo disco de Kanye West, Takano reparte su tiempo entre el arte y todo tipo de disciplinas creativas. Así, ha puesto su creatividad al servicio de la moda, el diseñador Issey Miyake la escogió para que decorara con sus personajes algunas de sus prendas, en el desarrollo de videojuegos comerciales y, por si fuera poco, investiga y escribe ensayos sobre ciencia ficción. Aunque el verdadero amor de Takano está en la estética manga, punto de partida de todo su trabajo. “Es un medio muy presente en nuestra cultura. En mi país, es posible que uno de estos cómics tenga más relevancia y genere más debate que una película o una exposición. Por esta razón, es uno de los primeros medios de expresión que elegimos los artistas cuando empezamos a crear. Al fin y al cabo, hemos crecido leyéndolos”.

escrito por Cristina Díaz a las 1:26 pm  

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